A la vida se le respeta

“Estamos llamados a custodiar a los ancianos, los enfermos, los niños por nacer: la vida debe ser tutelada y amada siempre, desde la concepción a su ocaso natural”, Papa Francisco.

Fernando Díaz de Sandi Mora

Mirando el panorama general de nuestra sociedad, de la humanidad en sí, pareciera un morboso videoclip con la música y letra de fondo de José Alfredo Jiménez: “No vale nada la vida, la vida no vale nadaaaa”.

Parece que la vida no vale para aquel joven que “juega” a hacer los estúpidos retos que le provocan daño a otros, o incluso a él mismo, poniendo en riesgo su vida para luego subirlos al “Youtube”.

Tal parece que la vida no vale nada para aquellos que después de inundarse de alcohol toman el volante del auto y recorren las calles dejando tras de sí una estela de muerte y lesiones.

Parece que la vida no vale nada para aquellos hijos que abandonan a su suerte a los ancianos, incluso como sociedad, cuando los ignoramos, cuando no les cedemos el asiento y los ponemos en riesgo ante las “ternuras” de los choferes del transporte público.

Parece que la vida no vale nada cuando bajo el pretexto de cualquier credo religioso e ideología alguien es capaz de asesinar a otros o a multitudes, sin respeto por su propia vida, con la panza cargada de bombas o la mano cargada de balas y de ira.

Parece que la vida no vale nada cuando una mujer “apela al derecho sobre su cuerpo” y es capaz de poner su vida ante un seudo médico que literal y científicamente asesina a una persona que se estaba formando en el vientre de una “madre”.

Parece que la vida no vale nada cuando los cobardes organizados son capaces de envenenar jóvenes con sustancias de muerte o bien, torturar o asesinar al que “estorbe” para extender sus tentáculos de poder, corrupción y muerte.

Parece que la vida no vale nada si tú mismo vives sin cuidar de tu salud, de tu alimentación, sin ejercitarte, sin descansar, viviendo para trabajar y pagar con intensas cargas de trabajo.

Para no seguir “nombrando lista”, considero urgente que hagamos consciencia de esta estrepitosa caída de la vida en nuestra “bolsa de valores” personal.

La dignidad humana no depende de la cultura, raza, sexo, convicciones políticas, creencias religiosas, desarrollo de las capacidades intelectuales o edad de la persona. Todo ser humano posee la misma dignidad y merece el mismo respeto en sus derechos fundamentales. Ninguna situación, por excepcional que sea, justifica que alguien lastime la dignidad de las personas.

La naturaleza, la sensibilidad del ser humano y la libertad han sido reemplazadas por la tecnología y el consumismo: Aprendimos a tener vidas artificiales, desechables.

¿Qué puede haber más valioso que la propia vida si con ella lo hay todo y sin ella somos nada?

 

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