Maniqueísmo

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El maniqueísmo es un movimiento gnóstico de los siglos III y IV d.C. Su propagación y éxito fue tal que, una vez suprimido, sus raíces retoñaron en nuevas herejías. Fundado por Mani hacia el  240 d.C. era persa, perteneciente a la secta judeocristiana ebionita,  que creía que Jesús era el Mesías, pero no Dios ni preexistente, que no había nacido virginalmente de María; predicaban y vivían la pobreza, cosa que Maní asumió con radicalidad. Afirmaba haber tenido una revelación del ángel “Gemelo”, colocándolo como uno de los grandes profetas de la humanidad, a la altura de Noé, Abraham, Zoroastro, Platón, Buda y Jesús. A los 25 años comienza a predicar su doctrina en la India, donde conoció el budismo. En su predicación proponía un mensaje de salvación por el conocimiento, la negación de uno mismo, el vegetarianismo, el ayuno y la virginidad. Al ser llamado al Palacio por el rey Sapor de Persia, pudo extender su doctrina con mayor facilidad. Con el paso de los años cayó en desgracia a los ojos del rey y, después de una fuerte polémica religiosa con los sabios del imperio persa, fue ajusticiado desollado vivo.

Como rama gnóstica, el maniqueísmo era un sistema pseudoreligioso sincrético, que hacía una mezcla de ideas filosóficas griegas, con las doctrinas dualistas del budismo y de otras religiones del Oriente. Utilizaba el lenguaje y algunos principios cristianos. Su intención era lograr una religión superior que abarcara a todas las demás. Como Marción, negaba el A.T. y aceptaba sólo algunas partes del N.T.

Mani afirmaba que existía un doble principio en oposición: Luz (Ormuz) y Tinieblas (Ahrimán), ambos rodeados de eónes (seres espirituales); al no estar separados por una frontera infranqueable, lucharon en combate: Ahrimán luchó con cinco elementos: tinieblas, barro, viento, fuego y humo; Ormuz se defendió haciendo emanar de él una fuerza con la que armó al hombre, que peleó contra las tinieblas, por eso en la humanidad hay luces y sombras. Para liberar al hombre de las tinieblas y poder ser luz, Ormuz se presenta como Jesús impasible, enseñando el modo en que se deben salvar los seres humanos. Exigía un código moral que se compendia en tres sellos y que practicaban los perfectos: las manos (prohibición del trabajo servil y de hacer daño a animales y plantas), la boca (abstenerse de carne y vino) y el seno (renuncia a cualquier práctica sexual). Los seguidores llegaron al fanatismo y a los desenfrenos, al considerar que una vez llegado al grado de perfección – salvación ya no obligaba ningún precepto moral.

Hoy se llama maniqueo al que tiene una visión dualista o vive un rigorismo ético, cree en dos principios irreconciliables, por lo que considera a las personas y cosas solo como buenas o malas, blancas o negras… sin matices ni cambios. Y, generalmente, se piensa que sólo los del bando son los buenos, condenando fanáticamente a quienes consideran sus contrarios. La actitud maniquea, como la de ciertos mandatarios, es muy peligrosa para la paz.

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