Milenarismo

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Las primeras generaciones de cristianos vivían con la esperanza de ser testigos oculares de la segunda venida de Cristo, que consideraban muy próxima. Algunos de los escritos cristianos más antiguos enseñaban que la venida de Cristo sería pronto, conforme a la interpretación de algunos textos del N.T. (Mt 24,34; Jn  21,22), especialmente 1Tes 4,15, donde Pablo parece afirmar que él estaría vivo en la segunda venida de Cristo. La Iglesia primitiva pensaba que pronto vendría Cristo a establecer su Reino de amor, justicia, paz y bien, hasta ahora resquebrajado por la virulencia de las persecuciones contra los cristianos de parte de las autoridades imperiales. Hasta aquí no había ningún error doctrinal, acaso de aquellos que, por esperar la venida de Cristo, dejaban de trabajar y andaban de chismosos, como lo dice san Pablo en 2Tes 3,10-12.

Los errores se introdujeron al interpretar mal Ap 20,1-3, en donde se dice que el demonio vendrá encadenado durante mil años por el Ángel. Durante ese milenio el mundo viene regido por los santos mártires, para luego ser soltado por poco tiempo hasta el triunfo definitivo de Cristo. En el año 250 d.C. el obispo Nepos, siguiendo a Cerinto, defendía que el texto apocalíptico tenía un sentido literal y material, que pronto se entraría en una etapa de mil años de sofocamiento del mal y de un reinado de paz y amor, además enseñaba que la resurrección sería sólo para los justos mientras que la destrucción para los condenados. La doctrina milenarista fue refutada por San Clemente, Orígenes, San Jerónimo, San Agustín y, prácticamente, toda la escuela de Alejandría.

El milenarismo resurgió con mucha fuerza a finales del s. XII con Joaquín De Fiores, un monje extremista que, junto con una secta llamada “espirituales”, exigía vivir la pobreza absoluta, incluso de forma violenta. Dividía la historia en tres etapas: el A.T. era la del Padre, de los casados y del dominio de la ley; el N.T. la del Hijo, de los clérigos y bajo el dominio de la gracia; el reino del Espíritu será la etapa de los monjes y se vivirá en abundancia de caridad, en ese tiempo desaparecerán todas las fallas de la Iglesia, todos vivirán la solidaridad y los hombres serán espirituales. Algunas ideas extremistas, espiritualistas y milenaristas de los joaquinistas influyeron en la reforma protestante.

Tendencias milenaristas se expresan hoy en la afirmación de la necesidad de una reforma eclesial donde el aspecto jerárquico y estructural desaparezca por la facilidad de mundanizarse; remarcan los errores humanos que se han cometido de parte de eclesiásticos en la historia para demostrar que toda estructura eclesial es mundana. Creen que la fe cristiana debe ser vivida desde el interior de las conciencias sin necesidad de personas o instituciones religiosas. Enseñan con cierto alarmismo que la segunda venida de Cristo está próxima, incluso han puesto fechas exactas del fin del mundo, por lo que leen la historia desde una visión catastrófica, conduciendo a una religión del temor y no del amor.

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