Sectas Judaizantes

Podemos situar dos grandes tendencias extremas en las primitivas comunidades judeo-cristianas: una estrecha (judaizantes y ebionitas) y otra laxa (nicolaítas y antinomistas).

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

Los judíos, sobre todo en el tiempo de los profetas, habían adquirido consciencia de la universalidad de la salvación, es decir, que Dios salvaría a toda la humanidad y no sólo a los judíos, pero sí necesariamente por la mediación de Israel, llegando a considerar que sólo a través de ellos llegaría la salvación a todos los pueblos de la tierra. Cuando se comenzó a expandir el cristianismo, la mayoría de los conversos eran judíos y algunos prosélitos, paganos que compartían la fe con los judíos, sin serlo de raza. Cuando comenzaron a convertirse paganos  al cristianismo, que no tenían relación con la sinagoga, los JUDAIZANTES quisieron imponerles las cargas de la legislación mosaica, comenzando con la circuncisión, a lo que se opuso rotundamente San Pablo. La razón de esa oposición paulina estriba en que la única mediación de salvación está en Jesucristo, el Hijo de Dios y no en el pueblo judío ni en la ley de Moisés. El asunto se zanjó, no sin muchas dificultades, en el Concilio de Jerusalén (Hech  15).

Los EBIONITAS se llamaban así mismos nazarenos. Son descendientes de judeocristianos con tendencias particularistas judías, pues se apegaban al cumplimiento de la ley de Moisés. Consideraban que Cristo era el Mesías, pero no Dios; creían que Jesús fue creado como todos los hombres y nació como todos, no de forma virginal. Durante su bautismo, Dios lo habría adoptado como su hijo, reconocían que había sido conducido a la cruz y afirmaban su resurrección. No aceptaban la enseñanza de Pablo y reconocían del N.T. sólo el Evangelio de Mateo. No comían carne.

 

Por otro lado, surgió una desviación contraria a las tendencias judaizantes, el  ANTINOMISMO (“anti”-contra, “nomos”-norma), profesado por aquellos que consideraban que Cristo había abolido definitivamente la ley mosaica; creían que por la fe estaban liberados del cumplimiento de cualquier norma moral hasta caer en el libertinaje. San Pablo y san Judas condenarán esta actitud en 1Cor 6,12-20; Gal 5,13; Judas 4.

San Juan en el Ap 2,6.15 menciona un grupo llamado NICOLAÍTAS, seguidores de un tal Nicolás, relacionado con Balaán del A.T. (Nm 22; Jos, 13,22),  ya que tienen mismo significado etimológico, uno en griego y otro en hebreo, como “dominador del pueblo”. Este personaje incitaba a la desobediencia de la ley como lo dice Ap 2,14 en cuanto que invitaba a comer viandas ofrendadas a los ídolos y a la fornicación. El nicolaíta era considerado como un hombre falso, turbador, seductor. Beda el Venerable y santo Tomás de Aquino lo aplican a quienes practican la poligamia o a la práctica de intercambiar al cónyuge (swinger).

También hoy se dan corrientes estrechas, que consideran que la salvación viene sólo para algunos que cumplen algunas condiciones o prescripciones; y también una actitud laxa, de aquellos que dejan de lado los compromisos morales que implica el seguimiento de Jesús.

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