Enseñar a Vivir. La Familia, la Primera Escuela

Pbro. Francisco Ramírez Yáñez*

En estos días hemos vivido la experiencia del comienzo de un nuevo ciclo escolar, en el que los niños, adolescentes y jóvenes de nuestra patria han iniciado o continúan sus estudios. La experiencia de escuela puede llegar a ser, para algunos padres, espacio liberador o de descanso, al tener a sus hijos por unas horas en las instituciones educativas, pero nada más lejos de lo que realmente debe ser un proyecto educativo integral.

La escuela no debe ser la guardería de los hijos, a fin de que sus padres tengan espacio para sus obligaciones y descansar de ellos; la escuela no es la responsable única de la formación de los hijos.

La escuela puede llegar a ser la segunda casa, siempre y cuando la familia asuma su papel de ser la primera escuela. Las instituciones académicas necesitan de la familia en todas sus funciones y obligaciones, y la familia se ayuda de la educación académica para poder garantizar una formación integral en sus hijos y lleguen así a ser los ciudadanos que requiere nuestra nación.

El refranero mexicano, muy típico de nuestras tierras, reza sucintamente lo que debe ser el binomio familia–escuela, en orden a la educación: “La educación se mama con la leche”. En efecto, la educación, buena o mala, se adquiere del medio en el que se nace, se crece y se vive. Las escuelas forman en las competencias en orden a los conocimientos; los valores se educan, forman y logran en la familia. La familia necesita que la escuela sea de calidad y competente, y la escuela necesita que la familia sea núcleo de la enseñanza en los valores y principios universales.

¿Cómo podemos lograr esto? En la medida en que los actores ejerzan su rol, los padres de familia deben ser cercanos a los hijos, en lo que reciben, aprenden y comprenden de la enseñanza escolar, empatando todo esto con los valores de la familia, lo cual supone que en casa se les dedica tiempo, atención y seguimiento. Los docentes deben procurar una enseñanza de calidad, de confrontación con el mundo, en donde se descubra lo importante de los conocimientos en orden al servicio, así como desarrollar las competencias de trabajo en equipo.

Muchas otras tareas y responsabilidades se deben ejercer en nuestra condición de padres de familia o docentes, pero lo importante es que reconozcamos y demos su justo valor a estas dos grandes instituciones de la sociedad: la familia y la escuela, en donde una y otra se proveen y se necesitan, siempre en orden a una formación sólida e integral, no más, pero tampoco menos y, solo así, la escuela podrá ser la segunda familia, si la familia es la primera escuela.

*Rector del Sistema UNIVA

*Presidente de la ODUCAL

 

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