“Flojito y cooperando”

“Señor, no te entiendo… Pero sin entender, me encomiendo a tus manos…”, Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

Controlitis Aguda: Dícese de la condición mental que complica la vida del ser humano al presentarse altos niveles de impulsos a corregir, manipular o dictar el curso de diferentes aspectos de la vida, buscando que siempre suceda todo y solo aquello que se tiene previsto y de la forma en que se ha planeado.

Es obvio que esta enfermedad no está estipulada así, ni la vas a encontrar en un diccionario, sin embargo, seguramente lo puedes descubrir en el entorno, en los que te rodean o, peor aún, dentro de ti mismo.

Estrés y ansiedad, dos padecimientos que llenan las salas de espera de consultorios de los médicos que atienden todos los días a personas que viven la angustia enfermiza de que las cosas no resultaron como lo previeron, se les salió de “su control” y eso detonó un desajuste emocional.

Esto de ser controlador tiene rasgos muy evidentes. Te enlisto los síntomas para ver si no hay algo de eso en ti: generalmente son explosivos, casi siempre se sienten incomprendidos, se victimizan, sus cambios de temperamento son evidentes, generalmente reparte culpas, son perfeccionistas y encienden un radar para encontrar siempre un “prietito en el arroz”.

Es incómodo vivir cerca de un controlador, así como también se complica la vida en para los controladores. En este universo, en esta vida, nada está escrito, y gran parte de lo que nos acontece tiene que ver con nuestras decisiones; es muy frecuente que las cosas no siempre resultan conforme al plan original, por más que nos esforcemos, por más que pataleemos y echemos mano de los recursos personales o de cualquier índole, las cosas no siempre resultan “bien”. Este es el primer pensamiento que emite un controlador: las cosas no salieron “bien”, porque para él “bien” se traduce en “como yo quería”.

Para el que quiere, es fácil zafarse de este mal que mina las ganas, el entusiasmo y  la pasión por lo que se hace: confianza… Confiar en tus capacidades y en las de los demás; confiar en que lo que se hace con todo el esfuerzo y dedicación posible, ya es perfecto por ese simple hecho. Confianza en Dios, el Arquitecto Divino, el que es capaz de visualizar más allá de nuestro alcance y potenciar nuestros recursos, emitir señales de alerta, avisos que advierten una decisión errónea. Será nuestra terquedad o nuestra incapacidad por fluir con el devenir casi natural y espontáneo de los acontecimientos, lo que nos sorprenda o nos desilusione al final. Quien confía en Dios, nunca será defraudado porque, pase lo que pase, sabe que es lo mejor que pudo haber pasado.

Propón a Dios todo lo que quieras, pero agradece todo lo que llega a tu vida, porque seguramente eso es lo que necesitas.

About Rebeca Ortega

Check Also

Pequeñas acciones, germinadoras de grandes cambios

Karime Ramos Godoy Cuando decimos “fiesta infantil”, lo primero que nos viene a la cabeza …

Pelagianismo

Pbro. José Marcos Castellón Pérez Pelagio, originario de Gran Bretaña, nació aproximadamente en el 355 …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *