La Virgen de Zapopan en aprietos

Editorial de Semanario #1128

Se cerraron las puertas principales de Catedral, por la entendible razón de que las obras de la Línea 3 del Tren Ligero, que no llegan de concluirse, así lo requerían. Ahora tocó lo sagrado. Obras que, desde hace tiempo, han estado desarrollándose en torno a este emblemático inmueble no solo del catolicismo tapatío, sino de toda la ciudad de Guadalajara.

El asunto no tendría mucha resonancia o preocupación, ni pasaría a mayores, por más que se hayan entretenido en esta obra, o porque pensamos que ‘algún día’ habrán de concluirla, sino porque estamos a escasas tres semanas de que llegue la Imagen de Ntra. Sra. de Zapopan al templo sede de la Arquidiócesis, de la que es Patrona (oficialmente desde 1989), para que emprenda luego su regreso, la Romería, a la ciudad del maíz, cuna de su estadía por estas tierras, luego de haber visitado, desde mayo pasado, la mayor parte de comunidades de esta metrópoli.

Estamos en ascuas. Las respectivas autoridades han prometido que, de alguna forma, habrá por donde se traslade la bendita Imagen Pacificadora (titulada así desde 1541), en el entendido, además, de que decidieron, al mismo tiempo, hacer una cirugía mayor a la Plaza de Armas, preocupación colateral en estas circunstancias.

Pero no llama la preocupación solo la Imagen de la Generala (título que ostenta desde 1821), porque, ¿qué tanto espacio puede ocupar su talla de medio metro?, sino también miles de fieles que se hacen presentes en torno a la Catedral para esas fechas. ¿Habrá espacio para todo?, ¿alcanzará el tiempo para adecuar satisfactoriamente los lugares necesarios para el caso?

En 1530, el misionero franciscano Fr. Antonio de Segovia recorría las tierras del Occidente de México anunciando el Evangelio a las comunidades indígenas. Llevaba sobre el cayado un crucifijo, y sobre el pecho una pequeña imagen de la Virgen María (de la que estamos hablando), que luego donó, en 1542, al pueblo de Zapopan, imagen que el propio clérigo llamaba “la Evangelizadora”.

Pudiéramos decir que desde ese año iniciaron las procesiones, cuya protagonista era la minúscula taumaturga, ya que indígenas de toda la comarca comenzaron a acudir a su ermita, para pedir su intercesión en favor de muchas necesidades. La fama de su intercesión fue creciendo, lo mismo que la ermita, pasando a ser santuario, y la gente de Guadalajara se trasladaba hasta allá, en ese entonces, para solicitar su apoyo. Son muchos años en los que la Protectora de la Ciudad (con ese nombre desde 1734) ha sido como un imán para millones (y no exageramos) de fieles que han pasado delante de Ella, se han sentido atraídos por Ella, la han acompañado, no la dejan sola porque ella nunca los ha abandonado, en tempestades, pestes, conflictos, tormentas, sequías (por eso, también es la Reina del Lago de Chapala, nombrada en 2010), etc.

No podemos pasar por alto, pues, la preocupación de la ocupación de la que, sin duda, están al tanto las autoridades, y que no podemos precisar cómo se desarrolle. Son muchos los que esperan ver pronto, despejado no solo el espacio, sino la tensión de que aquello alcance a estar. No quisieran como respuesta solo una disculpa, por más católico que esto fuera.

 

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