#DesarrolloEspiritual: ¿Me pongo celoso de quienes hacen el bien?

Desarrollo Espiritual,

Domingo XXVI, Ciclo B, 30 de Septiembre de 2018.

EL REINO DE DIOS LO CONSTRUIMOS TODOS

Pbro. J. Jesús Suárez Arellano / Pbro. Sergio Arturo Gómez M. 

¿QUÉ NOS DICE DIOS ESTE DOMINGO?

Números 11, 25-29: El Espíritu de Dios inspiró no sólo a Moisés,  sino también a otros… Los dones de Dios no son monopolio de algunos, sino que son para el bien de todos; no para que sean guardados celosamente  por unos pocos…

Salmo 18: La ley del Señor es perfecta, reconforta el alma, es inmutable, hace sabio al sencillo, es santa, es siempre estable, es verdadera y justa… Aunque nos esforcemos en cumplirla, nos equivocamos; perdónanos Señor, presérvanos de la soberbia y del orgullo…

Santiago 5, 1-6: Santiago advierte claramente a los ricos que sus bienes deben ser administrados con responsabilidad… En el día del juicio, sus posesiones, si no las han usado para hacer el bien en favor de sus prójimos, especialmente los más desvalidos, darán testimonio contra ellos…

Marcos 9, 38-43. 45. 47-48: Jesús enseña a sus discípulos a apreciar el bien hecho por los otros, no importa quiénes sean, y a no escandalizar a los sencillos…

REFLEXIONEMOS:

Jesús enseña a sus discípulos que todos pueden colaborar en la construcción del Reino… Éste no es monopolio de nadie… ni siquiera de sus seguidores, los cristianos… Ya lo había dicho Moisés: “Ojalá que todos fueran profetas”…

A veces pensamos que el Reino se construye con grandes obras heroicas, y es verdad… pero también con detalles simples y cotidianos: Hasta simplemente dar un vaso de agua en nombre del Señor, salir de nuestro aislamiento e individualismo, colaborar con otros en tareas comunitarias, etc…

El Reino tampoco no crece solo; hay que ser generosos e invertir en él: nuestro tiempo y nuestros bienes, nuestro cuerpo e incluso nuestro bienestar… Los ricos de que habla Santiago hoy no quieren colaborar con los demás, no comparten, son tacaños… por eso quedarán fuera del Reino, se lamentarán y llorarán…

¿Qué estoy dispuesto a invertir para que el Reino crezca? ¿De qué objetos, proyectos o personas no me quiero deshacer para que Dios Reine en mi vida? ¿Me da miedo invertir en el Reino de Dios?

La Palabra hoy nos invita a colaborar en la construcción del Reino todos unidos en comunión… ¿Qué actitudes debo desarrollar para sumar entre nosotros, para que podamos trabajar por el bien común?

Nos urge, por tanto, reflexionar sobre cómo algunas veces no sabemos trabajar en comunión… ¿Con quién me gusta trabajar: con los de siempre o admito nuevas personas y modos de intervenir? ¿Admito las buenas ideas que provienen de personas no cercanas a mí? ¿Valoro lo que aportan personas/organizaciones/partidos distintos? ¿Sé reconocer lo bueno, bello y verdadero que aportan otras personas a mi vida y nuestros proyectos comunitarios? ¿Qué actitudes, de acuerdo al plan de Dios, debo desarrollar? ¿Necesitaré ser más abierto, incluyente, flexible, comunitario? Etc.

Las preguntas anteriores nos quieren motivar a desarrollar una Espiritualidad de Comunión con un sentido práctico… Así, aprenderemos a valorar y tomar como algo bueno lo que aportan los demás para sumarnos en la tarea de apoyar todas las iniciativas que llevan a la construcción del Reino de Dios, desde todos los diferentes sectores eclesiales, ecuménicos, sociales, interfamiliares…

Ante este desafío, sentimos la necesidad de re-educarnos para ver, escuchar y aceptar lo bueno de los demás… Fuimos educados en un mundo de competencia: aprendí que mi equipo era el mejor, que mi iglesia era la mejor, que mi familia era la mejor, que mi partido era el mejor… Yo he asumido todo esto de modo acrítico y sigo defendiendo acérrimamente estas posturas… El reto de hoy es aprender a vivir y trabajar en comunidad y en comunión… Para desarrollar esta tarea debo reconocerme a mí mismo como igual a los demás, como uno más, no importa el color de piel o de ideología… la única condición es trabajar por el bien común, nosotros desde la fe y otros desde sus propias opciones…

Si miramos a nuestro alrededor, podremos constatar que muchas iniciativas que hubieran podido beneficiar a la comunidad han sido desestimadas o prohibidas simplemente porque no las propusieron “los nuestros”… Esta actitud daña al bien común… sólo porque no sabemos sumar y trabajar con objetivos comunes con personas que no son como nosotros… A veces, no descubrimos que el Reino de Dios es más grande que nosotros y no queremos someter nuestros propios criterios a los del Señor… Incluso, muchas veces, queremos manipular el Reino y no servirlo… ¿Tengo algunos ejemplos concretos? ¿Soy servidor de Señor o de mis gustos e ideas? ¿Sirvo a Dios o a las instituciones? ¿Las instituciones/grupos que defiendo sirven a la construcción del Reino de Dios?

TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS PARA ESTA SEMANA:

  1. Haz un examen de conciencia sobre tus actitudes y comportamientos en el trabajo en común:

¿Tengo la capacidad de integrarme para trabajar junto con otras personas para el bien de los demás (En la familia, en el trabajo, en la escuela, en la parroquia, etc.)?

¿Promuevo la armonía en los equipos con los que trabajo?

¿Sé delegar funciones? ¿Busco un protagonismo exagerado?

¿Me relaciono positivamente con los miembros de mis equipos reconociendo sus cualidades e incluyendo sus aportaciones?

¿Colaboro con entusiasmo aunque las propuestas hayan sido hechas por otras personas o sólo impulso mis propios proyectos?

¿Movilizo mis conocimientos, destrezas, aptitudes y experiencia para lograr las metas del trabajo en común?

Después del examen de conciencia… viene el propósito de enmienda:

¿Qué cambios debo hacer para poder ser un constructor del Reino de Dios en mis comunidades?

  1. En tu oración de esta semana pide al Señor salir de tu aislamiento para poder trabajar, junto con otras personas, para el bien común…

 

(Si esta ficha te ayuda, compártela).

SAGM – JJSA

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