Sínodo 2018: La credibilidad de la Iglesia, no solo se juega en el caso de los abusos

Redacción ArquiMedios

El Papa Francisco participó el jueves 4 de octubre 2018 en las dos sesiones (mañana y tarde) del Sínodo de los Obispos. En las primeras dos sesiones “a puerta cerrada” algunas intervenciones se basaron en “la credibilidad de la Iglesia y del perdón que la Iglesia pide cuando no ha estado a la altura de sus tareas”. Lo dijo a los periodistas Paolo Ruffini, Prefecto del Dicasterio para la comunicación de la Santa Sede, durante la primera sesión informativa sobre el Sínodo.

Ruffini ha especificado que la cuestión de la credibilidad de la Iglesia se refiere a los abusos, pero no solo: también a otras deficiencias como comunidad, cuando los consagrados y los laicos no están a la altura de la acogida y el carácter evangélico de la misión. 

En cuanto al “clima” que tuvo lugar entre la tarde del 3 de octubre, Ruffini lo describió como “muy participativo, muy espiritual, caracterizado por la gran atención de todos los participantes, no solo de los Padres sinodales”. 

Hasta el momento, se han realizado 25 intervenciones en el Sínodo, y se ha hecho un momento de silencio de cinco minutos por cada cinco intervenciones, como solicitó  el Papa Francisco. “Uno de los momentos de mayor emoción, dijo Ruffini, fue cuando los Padres sinodales señalaron que los migrantes son casi todos jóvenes”.

Saludo a los dos obispos chinos

En el segundo día del Sínodo dedicado a los jóvenes (3-28 octubre), esta mañana, antes de iniciar los trabajos, el Papa Francisco apenas entró al atrio del Aula saludó a los dos obispos chinos que el miércoles 3 de octubre lo hicieron emocionarse por su presencia en El Vaticano y en el Sínodo y como signo de comunión con el Sucesor de Pedro.

San Francisco inspira el Sínodo en la escucha 

En la conferencia de prensa del 4 de octubre, participó entre otros, Monseñor Carlos José Tissera, Padre Sinodal de Argentina, que destacó la figura del pobrecito de Asís que sirve de inspiración al Sínodo y a los jóvenes en general. “San Francisco decía a sus jóvenes que le acompañaban: ‘prediquen el Evangelio y si es necesario también con palabras. También nos llama a nosotros creyentes a que testimoniemos el Evangelio con nuestra vida, más que con las palabras”. 

“Más concretos que los jóvenes no hay. Los jóvenes quieren ver. Evidentemente enseguida son críticos de nuestras incoherencias, de modo que es una oportunidad para la Iglesia, como es uno de los objetivos del Sínodo; rejuvenecernos. Porque nos envejecemos, en el sentido peyorativo, cuando perdemos el vigor y la fuerza del Evangelio”, añadió el obispo di Quilme. 

El Sínodo de la juventud es una oportunidad para “refrescarnos con la vida de los jóvenes, con sus inquietudes, sus cosas nuevas. Porque la juventud para nosotros no es una amenaza, sino que es una bendición de Dios”, destacó Monseñor Tissera.

Así se refirió a la la preparación previa al Sínodo a través de encuentros en las iglesias particulares y con las consultas online para una participación universal, donde han participado “miles y han hecho llegar sus inquietudes, sus dolores”. Luego citó a San Pablo: “La creación entera gime con dolores de parto y creo que los padrees sinodales estamos aquí para escuchar profundamente el clamor de las juventudes del mundo”. 

Un oído en el pueblo y otro en el Evangelio

El padre sinodal Tissera como representante del continente de América, de donde provienen la mayoría de jóvenes católicos del mundo sostuvo que la escucha debe ser profunda y parafraseó al obispo argentino Angelelli: “Con un oído en el pueblo y con otro en el Evangelio”. “Esta es la manera de caminar de los cristianos y los pastores escuchando esta gran porción de pueblo que son los jóvenes”, destacó. 

El Obispo de Quilme recordó que la visión no es sociológica, sino que se trata de hacer converger “la belleza del Evangelio” con aquella que proviene del mundo juvenil. “Provocar ese encuentro de Jesús y el joven de hoy. Jesús que mira a los jóvenes y los sigue llamando. Pero, nosotros somos intermediarios, cualquier cristiano, también los obispos, los sacerdotes, siguen mirándonos, llamándonos a una vida plena”. 

Entretanto, indicó que llamar a un joven no significa solamente llamarlo para la vida consagrada para ser sacerdotes o religiosas. “Llamarlos a vivir, a ser felices. Ese es el camino de Jesús”.   Monseñor Tissera reivindicó que la Iglesia a pesar de sus defectos y pecados está llamada a escuchar el clamor de los jóvenes y sus problemas para acogerlos. 

Revolución del silencio

Asimismo, participaron en la presentación a la prensa la profesora Chiara Giaccardi, colaboradora del Secretario Especial del Sínodo, profesora de sociología y procesos culturales y comunicativos en la Universidad Católica de Milán (Italia). Ella destacó la “revolución copernicana” en la comunicación del Sínodo cuando el Papa exhortó a los padres sinodales a aprender del silencio para escuchar y acoger el discernimiento que pasa a través de las voces de los demás participantes y de los 34 jóvenes presentes en el Aula.  

La profesora sostuvo que “por primera vez la Iglesia se encuentra en una posición no como un emisor, sino como un oyente”: “No es simplemente un artificio retórico, sino un cambio de postura que trae consigo una serie de procesos y cambios”.

El Sínodo sobre los jóvenes no está enyesado, sino que es la Iglesia que se cuestiona sobre sí misma”, dijo Giaccardi. El primer paso, para los Padres sinodales, fue “escuchar los problemas reales”, señaló Giaccardi, “por ejemplo, teniendo en cuenta el punto de vista de los países de donde provienen los inmigrantes. Sentir el drama de sus historias es realidad, no ideología”. 

Para la socióloga, otro aspecto que emerge de la reflexión del debate en el Aula del Sínodo “es la concreción de la persona: no tenemos modelos de virtud a los que atraer a los jóvenes, partimos de lo que marca la edad juvenil, en particular la afectividad y la sexualidad: no cultivar ciertas dimensiones de la persona puede significar, en algunos casos, incluso alcanzar la perversión”, abundó.

Por lo tanto, la tarea de la Iglesia es responder al deseo de “acompañamiento” que surge de los jóvenes, con el objetivo “no solo de contener la sexualidad, sino también de ayudarla a expresarse en su integridad”, superando “el dualismo entre cuerpo y espíritu”. Además, participó en la conferencia el joven Joseph Cao Huu Minh Tri, auditor, joven vietnamita.

Al final de las 25 relaciones, tuvo lugar la elección de los miembros de la Comisión para información que incluye a los cardenales Napier, Tagle, Lacroix, Schönborn y el arzobispo Anthony Colin Fisher. (Aleteia).

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