Jóvenes es tiempo de hablar

Editorial de Semanario #1131

A nuestra sociedad, más que hablar de juventud, le hace falta hablar de los jóvenes. Al emplear el adjetivo como protagonistas de la acción,  arroja por tierra al sustantivo que le da sustento a su existencia. Aunque en la vida concreta de la sociedad, no se ha logrado llegar a un consenso sobre cuál es el umbral exacto que abarca esta etapa de la vida del ser humano, el hecho es que, el joven de hoy, se encuentra con una gran cantidad de desafíos y oportunidades internas y externas, en el que muchos de ellos son específicos de su ambiente, mientras otros son compartidos en todo el mundo.

Somos testigos del surgimiento de las generaciones de jóvenes con mayor acceso a la información en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, esto no quiere decir que tengan resuelta la vida, y que todo su espectro de posibilidades de desarrollo pinte de manera alentadora.

A menudo tienen que lidiar con las consecuencias de múltiples incomprensiones, propiciadas por el surgimiento de una enorme brecha generacional cada vez más marcada entre los denominados “Baby Boomers”, nacidos entre los años 1945 y 1964, y que en el momento actual son sus padres de familia; y los “Millenials”, nacidos entre 1982 y 1994, que son los jóvenes de hoy.

Las generaciones de Millenials y posteriores, debido a la sobreexposición tecnológica, tienden a tener una cosmovisión plural, incluso, una praxis religiosa distinta a la tradicional; en su fidelidad al culto y al dogma tienden a ser más laxos.

Es oportuno señalar que la búsqueda de su identidad y el sentido de pertenencia, siguen estando vigentes y operantes en los jóvenes, aunque no siempre sea de la manera en que siempre se ha hecho, e incluso que no pocos lo han realizado dejando atrás sus tradiciones familiares, con la pretensión de ser “más originales”.

De este modo, es difícil para los jóvenes escuchar siquiera el mensaje del Evangelio, y esto se acentúa en los países donde las tensiones socioculturales pueden llegar a ser muy comunes e incluso rayar en un clima de intolerancia.

El Papa Francisco nos sorprende gratamente al seguir adelante con su deseo de querer emprender un diálogo entre la iglesia joven y la de mayor experiencia. La XV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, dedicada a reflexionar sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional, nos muestra un nuevo proceso vital y fecundo de escucha. Esperemos pronto poder disfrutar de los frutos de este Sínodo y no sólo una exhortación Post Sinodal.

Por tanto, frente a este panorama de grandes retos, la Iglesia reflexiona sobre su concepción de los jóvenes y el modo de interactuar con ellos y la realidad en la que están inmerso, la escucha y acompañamiento busca darles voz para que manifiesten sus inquietudes y necesidades;  para ser una guía efectiva, relevante y portadora de vida para los jóvenes.

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