Un encuentro con el Dios bueno que vive en las calles de la ciudad

Dulce Natalia Romero Cruz

La noche del martes 9 de octubre, como parte de las actividades del 1er Encuentro Continental de Pastoral Urbana, los encuentristas participaron en la “Intervención Urbana”, que consistió en salir al encuentro con las personas en diferentes puntos de la ciudad de Guadalajara. Esta acción inició alrededor de las 20 horas y concluyó a las 2 de la mañana.

Con el objetivo de observar a las personas y los grupos urbanos para detectar las situaciones existenciales más significativas y descubrir de qué hablan, cuáles son sus certezas, sus preocupaciones, intereses y el sentido de su vida. Además de rastrear la huella que Dios ha dejado en la ciudad y descubrir los puntos de contacto que faciliten el encuentro evangelizador y pastoral.

“La intervención nos permitió abrirnos como Iglesia, mostrarnos y acercarnos”, aseguró Mons. Edmundo Valenzuela, Arzobispo de la Arquidiócesis de Asunción, Paraguay, quien presentó los resultados de la Intervención Urbana. Él también agradeció al equipo de la Vicaría de Pastoral de la Arquidiócesis de Guadalajara, encabezada por Mons. Rafael Hernández Morales, que fue la encargada de dirigir los grupos.

Resultados

Lo primero fue contemplar, y concluyeron que vieron una ciudad con gente que despierta todavía de noche y están todo el día fuera de su casa y vuelven otra vez de noche, es decir, gente que está cansada. Miraron a personas que dan la vida en la gran urbe y que está deseosa de paz.

“Sentimos que llegamos a un mundo desconocido y da temor; se siente miedo en el barrio pobre con indigencia como la Central Vieja; en la zona de gran marginación con indígenas o migrantes, la Colonia o Pueblo absorbido por la mega urbe. En el Centro de la ciudad parece que se acumula la soledad, la inseguridad, el abandono. Allí vimos que la gente sufre, se cansa, va de prisa, pasa con indiferencia en el Parque Rojo queriendo no haber perdido su siguiente ruta de camión para llegar a casa y solo descansa un poco para seguir sobreviviendo”.

“La mayoría de estas personas no han querido a Dios en sus vidas y no sienten a su Iglesia cercana”.

También se visitaron zonas de lujo con condominios o plazas comerciales, donde se percibió a los transeúntes con desconfianza e indiferencia para la convivencia. Pero también se observó esperanza, porque hay familias y jóvenes.

“No llovió pero la gran ciudad moja, para que como la ‘buena samaritana’ nos cambiemos de ropa y ser una Iglesia renacida”.

¿Cómo encontraron a las personas?

Todos coincidieron en que la gente iba con prisa, distraídos con el celular, sin embargo abiertos al diálogo y sorprendidos por la visita.

“Expresan que Dios nunca desampara, hay necesidad y esperanza en Dios; lo cual abre una luz para nosotros como Iglesia. A los ciudadanos les preocupa la inseguridad, los jóvenes, la familia y la sociedad”.

Cuestión religiosa

En muchos casos no se pudo llegar al diálogo religioso. Con los que si hubo, coincidieron en que creen y confían en Dios, pero no en la Iglesia como institución. Son religiosos, se encomiendan al Señor al salir de sus casas, se persignan, pero no asisten a la Iglesia”.

Se concluyó en que falta una fe madura. “Los jóvenes no creen en el matrimonio y la gente agradece que se salga del Templo para encontrarse con la realidad, y esperan mayor testimonio tanto de los cristianos como de los sacerdotes. Hay malas experiencias con los presbíteros, esperan más orientación y menos juicios de los consagrados. Están en desacuerdo con que haya tanta relación entre la Iglesia y la política. Esperan que la Iglesia sea una verdadera comunidad fraterna”.

“Me quedé maravillado de la sencillez de la gente cuando nos le acercamos. Esta síntesis refleja la hermosa y rica experiencia que vivimos”, aseguró Mons. Edmundo Valenzuela.

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