Haciendo Conciencia

“La conciencia es el espacio donde escuchamos a Dios”, Papa Francisco

Fernando Díaz de Sandi Mora

Seguramente recuerdas aquel mítico personaje de Disney, basado en un cuento escrito por el italiano Carlo Collodi, en el que un marioneta con forma de niño tomaba vida, convirtiéndose en un chico de madera, fielmente acompañado de Pepe Grillo, una especie de “voz interior” que le advertía de decisiones erróneas, peligros y demás, y que en más de una ocasión fue desoído por el audaz muñeco. Pues bien, aquel pequeño insecto que ponía las alertas necesarias, representaba, ni más ni menos, que la voz de la conciencia.

El ser humano ha sido dotado de capacidades únicas, un regalo divino de la creación que le permite ser el único habitante en la tierra que es ampliamente consciente de sus acciones. Esto es un regalo, pero también un compromiso.

Si bien los psicólogos y gente entendida en el comportamiento humano señalan que esta voz está formada en base a los distintos programas mentales y patrones de conducta a los cuales hemos sido sometidos desde los primeros días de nuestra existencia, también es cierto que hay principios de orden, verdades universales que siempre hablan y hasta gritan desde el interior de cualquier ser humano, buscando evitarle el daño a sí mismo o a otros.

¿Quién es el que habla en el interior de nuestra mente?

A menudo representada en caricaturas como pequeños diablos o ángeles en nuestro hombro, nuestro monólogo interno no solo es nuestra conciencia hablándonos. El diálogo se da dentro de la cabeza. Conversas contigo mismo todo el día: para tomar decisiones (como te vas a vestir, que vas a comer, adonde vas a ir); para desconfiar (cuando sabes que alguien te está mintiendo) o criticar; para elogiar a alguien, etc.

Si esa voz que escuchas te invita a actuar en contra de tu bienestar o el del otro, seguramente que esa voz no viene de Dios, sino de una conciencia sucia, contaminada; tu mente se ha convertido en un lote baldío donde hay rencor, rabia, envidia, codicia, lo que sea, menos la presencia viva que apunta a la vida: Si Dios no habla en ti, piensa entonces… ¿Qué o quién te habla, aconseja e incita a lo que haces?

Considero que la única manera de desarrollar una conciencia sana y positiva es depurar y filtrar los pensamientos que concurren a la mente, darse el tiempo de cuestionarse sobre el alcance y consecuencia de nuestras decisiones. No hay otro camino que llenarse de humanidad, compasión, servicio, amor propio, por la vida y por los demás, nutrirse de buenas lecturas, tener contacto con la naturaleza, descansar, expresar emociones y, sobre todo, dejar que Dios sea el que habite nuestra mente y ocupe el interior de nuestras almas…

Hagamos conciencia, y que la única voz que reconozca nuestra alma, sea la del amor de Dios.

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