El acercamiento del Papa Francisco a China

Román Ramírez Carrillo

Para muchos analistas, en el Vaticano habita un hombre que puede dirimir conflictos y marcar tendencias mundiales. El Papa Francisco es experto en la “diplomacia de los pequeños pasos”, es un Papa de acción, un participante de la geopolítica mundial con una inclinación por las periferias, más que por las grandes potencias.

Hoy, la sincera comprensión y aceptación volverá a estrechar la amistad entre China y el Vaticano. Cuando muy joven, el sacerdote Jorge Bergoglio, manifestó su deseo de ser misionero en China. El entonces padre superior, Pedro Arrupe, lo disuadió con el argumento de que ser misionero en China, es sólo para “santos”. Con la elección del Papa Francisco las relaciones  entre China y la Santa Sede comenzaron a mejorar, pues la Iglesia Católica vive una dura realidad entre una iglesia “oficial” autorizada por Beijing,  y otra “clandestina”, leal a Roma.

Para los analistas, China podría ser, para 2030, el país con mayor concentración de cristianos en el mundo, con 247 millones de creyentes. Este dato es un incentivo para acercarse a este país que, además del catolicismo, reconoce como religiones oficiales al protestantismo, el islam, el budismo y el taoísmo.

El conflicto entre China y el Vaticano, surgió en 1951 por la potestad para nombrar obispos. Una solución que comenzó a plantearse hace algunos años fue la presentación, por parte de China, de tres candidatos al Papa, quien tendría la decisión final, o el veto de la terna.

Es sin duda, una importante concesión vaticana para terminar el distanciamiento y el estancamiento católico que prevalece, mayormente en áreas rurales y para evitar una propagación de abusos sobre los católicos “romanos”, como la de miembros del Partido Populista de China que presionan a los cristianos para que cambien las imágenes de Jesucristo por las del presidente Xi Liao Ping, a fin de mantener ayuda de programas oficiales.

Para China, restaurar los lazos de amistad con la Santa Sede fomentaría y consolidaría la Nueva Ruta de la Seda, en regiones tradicionalmente católicas o con gran influencia de Roma en Europa. Pragmatismo, diplomacia mundial, buena voluntad, es el juego en el tablero Chino-vaticano, porque debajo de las negociaciones, existen fieles con necesidad de un Pastor.

Pastoralmente, con este acuerdo, el Vaticano tiene mucho que ganar y el Papa recuerda a todo el orbe que la Iglesia Católica tiene una misión mundial y que el rostro de la institución puede cambiar en el futuro, como ya lo ha hecho en el pasado.

Para los misioneros de diversas órdenes religiosas, China está viviendo un renacer religioso y podría transformarse en una importante reserva de fe, una luz que pueda iluminar la débil llama europea.

 

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