El vientre materno, el espacio más bendecido

Hermanas, hermanos en el Señor:

El Hijo de Dios se encarnó en el seno virginal y se desarrolló como todos los seres humanos, en un desarrollo desde la concepción hasta su muerte, progresivo. 

Es la misma persona del Verbo que se encarna y que nace, se desarrolla, muere en la cruz, y resucita. No hay cambio de persona. Es la misma. Aunque cambie el estado, las circunstancias, y hasta la misma materia de su cuerpo, se trata de solo etapas de su desarrollo humano, que asumió en el momento de su concepción.

Por esta razón, recordando el episodio bíblico, cuando Isabel bendijo el fruto del vientre de la Virgen María, Jesús (Lc 1,42), se refirió a una persona totalmente distinta de su madre, que ya desde su vientre hizo saltar de gozo a otro niño, que también está en el seno de su madre. La alegría que hace saltar de gozo a Juan Bautista en el vientre de Isabel es porque se cumplieron las promesas de Dios en el Hijo de María.

Una promesa es siempre una apertura a un futuro esperanzador, en el que no tiene el mal la última palabra, sino que la última palabra la tiene Aquel que, teniendo la primera palabra creadora en el principio, es el Dios de la vida. La promesa de Dios no puede ser eclipsada por las tinieblas de la muerte, que siempre invaden con miedos y prejuicios ideológicos.

Isabel bendice el fruto del vientre de María, porque es la vida misma, es Aquel que dirá de sí mismo que es el camino, la verdad y la vida. De tal manera que, en el seno de María, no sólo se gesta un ser humano más, sino que está la misma vida, el que tiene el poder de darla y retenerla, está Aquel por quien fueron hechas todas las cosas, Aquel que es el primero en todo, la imagen por la que todos los seres humanos somos imagen y semejanza de Dios.

Cuando Isabel le dice a María: “bendito el fruto de tu vientre”, está bendiciendo no solo a Aquel que es el origen de toda bendición, sino que está bendiciendo a la Humanidad en Él contenida, a la nueva Humanidad reconciliada en el amor, a todos los que participan de la dignidad de ser hijos en Él, hijos de Dios realmente.

“Bendito el fruto de tu vientre”, puede ser entendido como la bendición de Dios a todos los hombres que han sido concebidos y gestados en el vientre de una mujer, que es espacio femenino de maternidad, de apertura y disposición al otro; es el espacio humano más bendecido porque es el lugar de la vida, es el sagrario de la vida.

El Papa Francisco nos enseña que hoy se está viviendo una grave crisis antropológica, es decir, que no se está valorando en toda su profundidad y dignidad al ser humano. La cultura del descarte, fruto de una visión capitalista omnipresente del mercado, ha quitado el valor a las personas, y se les ha puesto precio. Se tasa al ser humano como si fuera un objeto que se puede comprar, vender, usar, desechar al gusto de cada quien. (Segunda de cuatro partes)

 

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