Aporofobia: el rechazo al pobre

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

En días pasados, se publicó, en la cuenta de una red social del barrio de Analco, un comentario sobre la Casa de la Misericordia, que cuestionaba la atención a personas en situación de calle porque, a su parecer, esta gente hace que crezca el índice de indigencia, delincuencia, suciedad y genera una mala imagen de las plazas públicas; además, juzgan de ayuda yerma y fomentar la pereza y el vicio. Se convocó a una reunión el Domingo pasado y ahí se externaron las impresiones y los diversos puntos de vista de los analquenses.

Los que en la red social se manifestaron en contra, al conocer el proyecto, el lugar y algunas personas que ahí reciben una pequeña ayuda, como la cena y un lugar donde pernoctar, cambiaron su oposición por un compromiso de ayudar a quien más lo necesita. Las cuestiones que exponían para su descontento con la Casa de la Misericordia se fueron respondiendo, sin llegar nunca ni a ofensas ni a crear un ambiente hostil, al contrario, era de un franco diálogo. Pero el argumento perentorio e irrefutable fue cuando vieron y “tocaron” a las personas que tienen la necesidad de un hogar, de una cama, de lo más indispensable para vivir. Sin duda, cuando se conoce a la persona en concreto, se ve su rostro, se estrecha su mano, se conoce su nombre y su historia, su situación y lo que lo ha llevado hasta ahí, cambia totalmente la perspectiva.

El prejuicio consiste en emitir un juicio adelantado sin tener en consideración todos los asegunes y darlo por sentado sin tener evidencia. Todos los seres humanos tenemos prejuicios y desde ellos vemos y leemos la gramática de la existencia, que es mucho más compleja que la complejidad de nuestra mente humana. Los prejuicios, si no son desmantelados por la realidad, pueden llevarnos a una enfermedad psicosocial. La aporofobia es el miedo irracional a los pobres, indigentes, migrantes (xenofobia) y refugiados, porque considera que son una amenaza a la seguridad, cuando la realidad nos dice que estas personas son las más indefensas de la sociedad. Por ejemplo, se les prejuzga de ser sucios porque cargan con bolsas de basura para reciclar, pero son los que limpian la basura consumista de quienes tenemos acceso a los bienes de mercado, que es la causa de la basura.

El prejuicio cede cuando nos damos la oportunidad de tener la experiencia de acercarnos a ellos y de verlos, “tocarlos” y tratarlos simplemente como seres humanos, en todo iguales a nosotros, imagen y semejanza de Dios y, para los cristianos, sacramentos de Cristo, pues «conmigo lo hicieron» (Mt 25,31ss). No se trata de canonizar ni la indigencia ni a los pobres, sino de no condenarlos,  simplemente de darles el trato que merecen como personas.

Junto a la aporofobia hoy, frente a la caravana de migrantes centroamericanos, crece la xenofobia. Ojalá y como cristianos podamos verlos como hermanos, como personas, que merecen nuestro respeto, apoyo, seguridad y comprensión: ¡Bienvenidos!

About Dulce Romero

Check Also

Prepárate para la mejor oferta de tu vida

Pbro. José Luis González Santoscoy Sabemos que en este mes se lleva acabo el Buen …

Obispo Héctor López será parte de la Pastoral de la Comunicación a nivel nacional

Redacción Monseñor Héctor López Alvarado, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de Guadalajara, fue elegido como …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *