Jesús camina con ellos

Editorial de Semanario #1135

La caravana de migrantes, actualmente de más de siete mil personas, de países hermanos de Centroamérica, está cruzando por nuestro país. Intentan llegar a los Estados Unidos, son personas que vienen huyendo de la pobreza y de la violencia, y su movilización se debe a la búsqueda de un mejor futuro. Abandonaron todo, su familia, su pueblo, sus costumbres.

Para la Iglesia, los migrantes no son una amenaza, son una oportunidad de servir cristianamente a quienes han dejado todo por alcanzar una vida más digna. Fiel al mandato de Jesucristo de recibir y arropar al forastero, y pide a la comunidad católica, su generosidad, para  proteger a todas las personas en su paso por tierras mexicanas.

México, de acuerdo con tratados firmados, como la Declaración de Cartagena, tiene la obligación de proteger a quienes han sido desplazados por violencia generalizada, y en todo el territorio, brindar ayuda humanitaria, independientemente de su estatus migratorio.

La encuesta realizada por De las Heras Demotecnia, dio como resultado que, más de la mitad de los mexicanos está a favor del libre paso de la caravana, y que a sus integrantes se les brinde trabajo en megaproyectos en México. Se preguntó también si es una buena solución colocar un muro que nos divida de los países centroamericanos; el 72% de los encuestados respondió que no.

En la frontera sur, mujeres, hombres, niños y niñas, creyendo que llegan a un albergue, son retenidos por el Instituto Nacional de Migración. En Tenosique, un recinto ferial está funcionando como una extensión de la estación migratoria. Ahí se encuentra un poco más de 1,700 personas.

No es un lugar en donde reciban apoyo y sigan su camino. Es un espacio en donde los mantienen sin poder salir. A los medios de comunicación no los dejan ingresar. No se registra ni se expone lo que ahí sucede. Estas estaciones tienen estatus y reglamentos que les permiten detener de manera discrecional sin necesidad de una orden judicial. Ese alojamiento que dan las autoridades, implica perder su libertad semanas o meses. Son personas necesitan de inmediato cobijo internacional.

Según reportan los organismos de Iglesia, los que necesitan asistencia urgente son quienes se entregan a la autoridad migratoria, son los menores de edad que están deshidratados, los padres con hijos enfermos, o los adultos agotados.

El Papa Francisco nos invita a escuchar las historias de los migrantes como un primer paso para recibir apropiadamente, con base en los valores cristianos que favorezca su integración y su aceptación por parte de las sociedades de destino. “¡Cuántas historias hay en los corazones de los migrantes!”.

Señala que el peligro está en que esas historias sean eliminadas, porque así el migrante “queda desarraigado, sin rostro, sin identidad”. Esa pérdida, se puede evitar mediante la escucha, caminando junto a las personas y a la comunidad de migrantes. Poder hacerlo “es una gracia y un recurso para la Iglesia y para el mundo”.

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