¿Cumbre entre el Papa Francisco y Kim Jong-un?

Johannes Klausa*

En octubre del año pasado el mundo entero hizo eco al tuit del presidente estadounidense Donald Trump: “Ser amable con el hombre cohete no ha funcionado en 25 años. ¿Por qué iba a funcionar ahora?”. Pocos meses antes había llamado al líder norcoreano Kim Jong-un “pequeño hombre cohete” y le había amenazado con “un fuego y una furia que el mundo no ha visto jamás”.

Un año más tarde, el clima cambió totalmente en la península coreana. Los dos líderes coreanos, norte y sur, se reunieron tres veces en un clima distendido y pacífico antes y durante los Juegos Olímpicos de Invierno, allanando el camino para cumbres, encuentros de familias y una cantidad considerable de intercambios políticos y culturales. También Donald Trump celebró un encuentro con Kim Jong-un, y en dicha ocasión elogió su personalidad calificándolo de “muy talentoso” e “inteligente”, y manifestó el deseo de volver a verlo tras las elecciones.

Lo último en este espectáculo, es la manifestación de Kim Yong-un ya que le “entusiasmaría” dar la bienvenida al Santo Padre si este estuviera dispuesto a viajar a Pyongyang. El presidente surcoreano Moon Jae-in visita el Vaticano y llevará en su cartera una invitación para el Pontífice.

Todo ello son motivos para emocionarse, pero no todo el mundo, en Corea del Sur, aplaude con entusiasmo estos hechos.

Aunque una mayoría de los coreanos y sobre todo la generación más joven, haya reaccionado con euforia ante esta perspectiva, también hay personas que no verían con agrado la visita del Santo Padre al Norte. Muchos cuestionan los verdaderos motivos y la voluntad del “joven mariscal” de romper con la política de su padre y su abuelo, y dudan de que vaya a renunciar al arsenal nuclear para dirigir su país hacia la paz y la reconciliación. Para ellos, una visita pontificia a Pyongyang podría incitar a pensar que la Iglesia Católica perdona los crímenes contra la humanidad, así como la persecución de cristianos incluso antes de que los criminales sean llevados ante la justicia.

De momento no ha ocurrido nada sustancial: el Vaticano no ha aceptado la invitación que, por cierto, no es la primera proveniente de Pyongyang. Durante el periodo de acercamiento político y la llamada “política del sol” del anterior presidente, Kim Dae-jung, a principios del nuevo milenio, el Papa Juan Pablo II también fue invitado por Corea del Norte, pero el Santo Padre no aceptó.

Si el Papa Francisco tomara la decisión de viajar a Pyongyang, seguramente no lo haría sin más, sino que pediría a cambio concesiones como por ejemplo, la aceptación de una presencia permanente de sacerdotes en Corea del Norte, o prometería visitar el país tras un progreso “verificable e irreversible” en otros ámbitos.

Por tanto, todos los críticos pueden estar seguros de que el Santo Padre tomará una decisión fundada y conocedora de todas las circunstancias. Recemos para que en el caso de una visita histórica a Pyongyang por parte del Papa Francisco, las conversaciones no sean solo bilaterales con Kim Yong-un, sino que se celebre una cumbre trilateral guiada por el Espíritu Santo.

*Director de ACN Corea

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