Dos imperativos ante la realidad urbana

Hermanas, hermanos en el Señor:

“Velen por los derechos de los demás y practiquen la justicia” (Is 56,1), es un imperativo que nos señala Dios a través del profeta. Como Iglesia, nos proponemos, ante este imperativo, velar por todos, hombres y mujeres, para que la cultura del descarte no afecte a nuestras ciudades.

En las grandes ciudades vemos muchas expresiones de esta cultura del descarte, como por ejemplo, la desintegración del tejido social y una pluralidad de manifestaciones de muerte. Es en la gran ciudad donde más fácilmente germina y llega a madurar, incluso hasta convertirse en ley, el aborto. Esta ‘cultura’ penetra, por desgracia, con mucha facilidad en los jóvenes, en estratos de cierta formación y determinado grado de cultura. Además, esta tendencia de muerte viene ofrecida, muchas veces, por los medios de comunicación.

“Velen por los derechos de los demás, y practiquen la justicia”, dice el Señor, que indica velar por los derechos de los más desprotegidos, de los marginados, de los descartados; pero los primeros en esta lista deben ser los no-nacidos, los que no han visto la luz.

Este imperativo tiene un objetivo, que apunta el mismo profeta Isaías: “Porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos” (Is 56,7). Como Iglesia, tenemos la misión de hacer, de la gran ciudad, una casa de los hijos de Dios, para todos, sin distinción, asumiendo la diversidad de expresiones que se nos presentan y la riqueza y variedad de manifestaciones, encuentren en ella, un espacio.

La finalidad es hacer que todos estén en la casa de Dios, donde Él habite, donde lo podamos escuchar, y donde le podamos hablar, y presentar todo lo que nos preocupa y nos hace sufrir; lo que nos hace gozar, esperar, e incluso, desesperar.

“Vayan y hagan discípulos a todas las gentes” (Mt 28,19) es otro imperativo, con especial atención a las grandes ciudades. Sí, con una consigna, evangelizar, pero con un talante, es decir, con la alegría de los que han descubierto, que han hecho la experiencia del encuentro con Cristo, y quieren contagiar a todo el ámbito de las grandes ciudades.

Hoy, el desafío pudiera parecer mayor que el de otras épocas, con las nuevas concentraciones humanas, que presentan dimensiones enormes, requieren intervenciones pastorales de gran audacia, para desarrollar nuevas experiencias.

Con la alegría del Evangelio, por la alegría de haber experimentado a Cristo en nuestras vidas, estamos llamados a enfrentar, cara a cara, a nuestra época, que es la audacia con la que debemos salir a los distintos puntos de la gran urbe, que nos hablan, nos revelan, nos dejan ver los distintos escenarios, las situaciones, a veces dramáticas, donde se desarrolla la vida de los que habitan la gran ciudad.

El Papa Francisco nos invita a esto, lo mismo que el Documento de Aparecida (2007), conclusivo de la quinta Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM): ir a todos los alejados, y a los que han sido descuidados en el trabajo pastoral ordinario.

Que la Virgen María, la discípula fiel, nos contagie, nos sostenga y anime en este cometido.

 

About Yara Martínez González

Check Also

Maitines guadalupanos

Sergio Padilla Moreno Hace días pude platicar con un reconocido científico y profesor en una …

Restauración de Basílica de la Natividad aumenta visitas a Tierra Santa por Navidad

Redacción ArquiMedios Las autoridades de Belén, en Palestina, informaron que los trabajos de restauración de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *