Responder y Liberar

Pbro. José Marcos Castellón Pérez 

El año pasado el Papa Francisco instituyó la Jornada Mundial del Pobre, que «pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío». En el mensaje pontificio para esta Jornada se pueden destacar algunas cosas que nos ayuden a vivir la opción preferencial por los pobres que, como decía Benedicto XVI, tiene su raíz en el seguimiento de Cristo pobre. Quien es discípulo de Jesús no puede sino compartir sus mismas opciones.

El mensaje parte de la cita del salmo 34,7: «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó». El Papa analiza los verbos de este salmo: gritar y escuchar, teniendo en cuenta que éste último supone el responder y liberar en la dinámica de la acción salvífica de Dios. Se identifica como pobre a toda persona que vive alguna situación de sufrimiento o de marginación. Es desde la pobreza en la que se clama a Dios con un grito, muchas veces entre lágrimas de desesperación, frente a una necesidad urgente; grito que, ante Dios, se hace plegaria y que, ante nosotros, se hace reclamo. Como cristianos hemos de escuchar el grito de los pobres callando nosotros, porque muchas veces nuestros prejuicios e incluso nuestras iniciativas para ayudar, no responden al grito de los pobres, sino a una mirada narcisista de nosotros mismos, utilizando al pobre como pretexto para colocarnos ante los reflectores.

La escucha exige el responder. Dios siempre responde el clamor de los pobres, como en el éxodo o en tantas intervenciones en las cuales ofrece siempre consuelo, justicia, alivio, sanación, salvación. Nosotros podemos responder con pequeños gestos de cercanía, de «atención amante» al pobre, no desde un frío programa de asistencia, sino desde el conocimiento personal, la mirada al rostro, la mano que se estrecha, el afecto que se comparte. La caridad implica a toda la persona, no solo a sus bolsillos.

Responder exige liberar. En su paso pascual, Dios transforma las situaciones de esclavitud y pobreza en justicia, derecho y paz. La pobreza no es una situación natural, es fruto del pecado de egoísmo, avaricia, orgullo, injusticia; por eso, frente a la pobreza lacerante tenemos que cambiar nuestra lógica de mercado por una de familia humana, de fraterna solicitud. La lógica de mercado es pecaminosa en sí y es la que nos ha llevado a la explotación de los pobres y de la creación. El primer paso es dejar de lado las distancias que nos separan, romper los muros de los prejuicios y tratarnos como personas, pues todos somos creados a imagen y semejanza de Dios, independientemente de las condiciones económicas o sociales.

Ayudados por la iluminación del mensaje del Papa podemos hacer algunos gestos concretos de escucha, de respuesta y liberación, de cercanía, aprecio y ayuda concreta, recordando que los pobres nos necesitan, pero también que ellos nos evangelizan.

About Dulce Romero

Check Also

Maitines guadalupanos

Sergio Padilla Moreno Hace días pude platicar con un reconocido científico y profesor en una …

Restauración de Basílica de la Natividad aumenta visitas a Tierra Santa por Navidad

Redacción ArquiMedios Las autoridades de Belén, en Palestina, informaron que los trabajos de restauración de …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *