¿Mamás dulces o regañonas?

Querida Lupita:

He sido muy dura con mi hijo. Quiero lo mejor para él pero me ha dicho que soy grosera y regañona. Yo no quiero ser así y debo aceptar que lo que él me reclama es verdad. Pero entonces… ¿Cómo voy a educarlo?, ¿Cómo le debo poner límites, sin ser así?. Tengo miedo de echarlo a perder y creo que eso estoy haciendo. ¡Ayúdame por favor!.

Ma. Fernanda G.

Hermana mía, Mary Fer:

Compartiré contigo un fragmento de mi libro: Madres felices, hijos exitosos. Te invito a leerlo completo y a que recuerdes que a los hijos se les saca adelante con amor y responsabilidad, con oración y  virtudes, con ejemplo y convicciones profundas.

Recordemos que ellos están aprendiendo a vivir, nunca regañemos a nuestros hijos cuando fallan por primera vez; esta es la oportunidad para enseñar con claridad lo que esperamos de ellos. Si faltó a cumplir sus tareas por primera vez, o si reprobó aquella materia que no estudió suficiente, si llega tarde o bebe alcohol de forma irresponsable… Será la ocasión perfecta para hablar y definir lo que esperamos de él y las consecuencias que se darán después del cumplimiento o incumplimiento de los compromisos acordados.

Desde luego, hay temas que no tenemos por qué esperar para orientar respecto a ellos. Podemos tratarlos en momentos oportunos: El consumo de alcohol o drogas, el uso de palabras altisonantes, las actitudes frente a los dispositivos electrónicos (juegos, videos, celulares, pantallas), las conductas apropiadas en la amistad y el noviazgo, los cambios en su cuerpo durante la adolescencia, etc.

Y para que no nos vean “regañonas”, cuidemos nuestro lenguaje y nuestro modo. Es mejor ser siempre mansos y se cumplirán nuestros anhelos. Santidad es reaccionar con humilde mansedumbre (Gaudete et exsultate, 71-74).

Recordemos que el secreto para influir en nuestros hijos es hacerlos sentir amados. Valorarlos mucho y que sepan que nuestra vida gira en torno a ellos. Trabajamos y vivimos para ellos, para que sean felices haciendo felices a otros. Hemos nacido para amar y nuestro primer centro de amor en este mundo son nuestros hijos. ¡Ellos deben saberlo!

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegas

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