A propósito del racismo mexicano

Pbro. Gustavo Alexis Márquez

“Muy probablemente los 242 pobladores censados en el rancho de la Tía Juana no imaginaron el escenario urbano en que se convertiría su hábitat; espacio en el que hoy en día conviven alrededor de un millón de personas, compartiendo las vicisitudes que emanan de la estrecha interrelación entre una estructura económica subdesarrollada y la del estado más rico de Estados Unidos. Tijuana es, sin lugar a dudas, el ejemplo más extraordinario de lo que ha sido la historia demográfica contemporánea de la frontera norte” (Cfr. Zenteno Quintero, René Martín; Del Rancho de la Tía Juana a Tijuana, 105).

Tijuana es una ciudad conformada por personas llegadas de otras latitudes en busca de oportunidades de vida, como muchos buscaban “salir adelante” con el esfuerzo y el trabajo cotidiano; así ha pasado en diversos lugares y ciudades. Nuestras urbes se han conformado con la migración interna del país, como es el caso de Guadalajara, que ha albergado a provenientes de estados vecinos de Zacatecas, Nayarit, Michoacán, Aguascalientes, Colima, etc. Incluso dentro de la misma ciudad hay movimiento de personas que de una colonia a otra se mudan buscando una mejor calidad de vida. En fin, el movimiento de personas en busca de oportunidades se ha dado desde tiempos antiguos, es más, desde los mismos inicios de la humanidad. Somos seres en movimiento, en busca siempre de mejores condiciones.

¿De dónde pues que se han adoptado actitudes racistas con los migrantes que buscan una oportunidad de vida? ¿Quién nos dice que somos mejores que ellos? o ¿Por qué ellos no pueden encontrar en México (o en Estado Unidos) una oportunidad? ¿Quién puede sostener que nuestros pueblos no tienen oportunidades también para ellos?

Nuestra nación es próspera, de una tierra generosa y gente trabajadora, con muchos problemas y dificultades, sí, pero finalmente una tierra en la que se puede salir adelante. Un país que ofrece oportunidades al que las busca, trabajo al que quiere trabajar, estudio al que quiere estudiar; también es cierto que es un país de desigualdades, pues el drama de la pobreza combinado con la escasa o mala educación, han generado condiciones de marginación y sufrimiento.

Sin embargo, con todo y nuestros problemas y dificultades como país, siempre nos hemos caracterizado por ser gente acogedora, que disfruta de la visita de los conocidos y desconocidos, que brinda un vaso de agua al que lo pide, que sabe dar la mano cuando el otro lo necesita, que es solidario ante el sufrimiento del hermano y que sabe ganarse la confianza de los demás demostrando lo mejor de sí. Pues es el tiempo de hacerlo. Es el tiempo de mostrar lo mejor de nosotros los mexicanos, de mostrar que nuestros valores culturales y cristianos pueden más que actitudes xenófobas que sólo muestran lo peor de nosotros.

Y ante los falaces argumentos de los racistas mexicanos que afirman: “con nuestros problemas tenemos”, “que no nos quiten nuestros trabajos”, “primero los mexicanos”, entre otras, con la sabiduría popular de los corazones generosos de nuestras madres y abuelas, hemos de decir que bastará con: “echarle más agua a los frijoles”.

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