Las 4 preguntas para saber si en casa tenemos obesidad digital… y cómo desconectar para ganar vida

Pbro. Alfonso Rocha Torres

¿Usas demasiado Internet? Quizá es Internet la que te usa a ti y luego te deja tirado, quizá arrastrándote a la cama agotado a hora intempestivas, sin capacidad ni para tratar con su familia, comenta Pablo J. Ginés en Religión en Libertad al entrevistar a Isidro Catela autor del libro: “Me desconecto, luego existo” (Ed. Encuentro) que muestra cuál debería ser el uso moderado, sano, adecuado de Internet, las pantallas y las redes sociales.

Habla de “obesos digitales”: Igual que hay quien abusa de la comida, y le perjudica a la salud, también hay quien abusa de las pantallas. Como en otras adicciones, en las primeras fases podemos tender a negarlo, pero si interfiere en nuestra vida es motivo para preocuparnos.

Hay 4 preguntas que sirven de termómetro para medir si estamos mal:

1) ¿Alguna vez experimentaste el impulso o urgencia de sacar tu celular mientras estabas hablando de un tema importante con otra persona?

2) ¿Alguna vez te ha dado la sensación de que algo (una fiesta, encuentro, cita) no te había sucedido de verdad hasta que conseguías colocarlo en las redes sociales?

3) ¿El parpadeo de la luz del móvil o las notificaciones del whatsapp han llegado a acelerar tus pulsaciones?

4) ¿Te has sorprendido pasando mucho tiempo en silencio con tus seres queridos mientras cada uno estaba inmerso en su universo digital?

Quien cumpla estos 4 criterios, probablemente ya puede considerarse un obeso digital y debería ponerse a régimen, cuidar su dieta.

“Estamos cortando relaciones humanas”

“Pensemos en nuestras conversaciones entre esposos, en cuántos temas serios hemos ‘wasapeado’ pero sin llegar a hablarlos en persona, en profundidad. Tampoco llamamos ya a los amigos para felicitarlos, les mandamos un mensaje. Estamos cortando relaciones humanas”, señala Catela.

Si el corazón se acelera ante las notificaciones  esto indica cuánto puede afectarnos. “Es paradójico que una herramienta maravillosa que nos acerca a los que están lejos nos esté también alejando de los que tenemos a nuestro lado”; “Si estás con tu esposa o amigos y cada uno está inmerso en su pantalla estás perdiendo conversación personal, profunda, cara a cara”.

Hay que reconocer el nivel de dependencia que se tiene. Contar las horas reales que se dedican a las pantallas. Cuando abandonas o desatiendes en serio tus obligaciones como estudiante, o padre o profesional; cuando interfieren mal en tu vida, es adicción.

Para desintoxicarse: hay que desconectarse

Más que grandes terapias, basta con cambiar nuestras rutinas diarias. Por ejemplo, estar un fin de semana sin pantallas. O apagarlas a ciertas horas. O establecer un par de momentos para atender el correo electrónico”. También hay aplicaciones y herramientas profesionales para mejorar el control.

El libro recoge casos de “ermitaños” o “exiliados” digitales: aquellos que han decidido dejar por completo o casi por completo la conexión a Internet y redes sociales. Otros lo hacen para recordar cómo se vive “desconectado” y una vez desintoxicados vuelven a las redes con hábitos mucho más sanos y más autocontrol. Por eso, el libro se titula “Me desconecto, luego existo”.

Recuperemos las experiencias reales: menos jugar a videojuegos de fútbol, y más jugar a fútbol de verdad.

Ya casi nadie lo niega: hay adicción digital

Este 2018, se abrió en Madrid un centro de terapias para tratar la adicción digital en adolescentes. Los más vulnerables son los niños y adolescentes. Los universitarios han nacido ya con celular, no conciben dejarlo. Pero éste siempre accesible en el bolsillo, puede ser puerta de entrada para otras adicciones, como las apuestas o la pornografía.

El caso de los Hikikomori

Son jóvenes japoneses que se encierran en su cuarto por más de 6 meses y no salen ni se relacionan más que por Internet. Sus padres (o empresas) les traen la comida. Se calcula son 2 millones. “Son como los prisioneros de la caverna de Platón: no ven la vida, sino las sombras, las imágenes de la vida en las pantallas”. En España hay unos 2.000 cosa muy preocupante.

Hemos de integrar equilibradamente las grandes ventajas que nos aporta el mundo conectado, sin demonizar la tecnología, pero volviendo a poner en el centro a las personas.

El efecto nocivo en los estudios y escuelas

Un estudio en Estados Unidos les pedía a los alumnos algo tan revolucionario como volver a tomar los apuntes con bolígrafo y papel.

Parte del perjuicio a los estudios tiene que ver simplemente con dormir menos: hay tantas teleseries, tantas cosas interesantes, tantas notificaciones en redes a altas horas de la noche, que se duerme poco y luego en clase se rinde poco. Hay niños de 9 años que juegan toda la noche porque no hay control en casa.

Hay estudiantes que no han leído un libro entero en su vida. Han pasado su escasa vida “lectora” trabajando sólo con resúmenes o fragmentos bajados de Internet.

O volvemos pronto al equilibrio, como sociedad, familia y educadores, o las familias tendremos que organizarnos como sea para establecer un uso razonable de la tecnología en la educación y en la vida.

Comentarios: [email protected]

Para saber más: www.religionenlibertad.com

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