Cartilla Moral

Es difícil aceptar que los mexicanos somos racistas, clasistas y discriminadores, pero siendo honestos, es una realidad que tratamos de soslayar culpando de todo lo anterior a otros, nuestros vecinos del norte, por ejemplo. Tiramos la piedra sin ver que tenemos techo de cristal.

Alberto Gómez Barbosa

El clasismo, parece haberse exacerbado luego de campañas políticas de enorme confrontación enlodadas por el manejo en redes sociales de falsedades que, manejadas por profesionales de la difamación, principalmente extranjeros, pero verdaderos peritos en ello, fueron lanzadas para descalificar a algunos candidatos. Prendieron los infundios en la sociedad clasista y discriminadoras y estamos viviendo un espacio de tiempo lleno de odio y rabia, muy perceptibles en la convivencia diaria.

Es necesaria, de manera urgente, la labor para pacificar y armonizar el tejido social. Hay pruebas de la voluntad de políticos y líderes religiosos y sociales por encabezar los cambios indispensables en ese sentido, en todo el país; tal postura llena de esperanza de un verdadero cambio a la mayoría de la población, que avala y apoya los golpes de timón necesarios para enderezar la nave; pero no puede ser labor de unos cuantos, la de realizar cambios en la sociedad mexicana, es necesario formar un frente amplio que incluya todas las tendencias políticas, espirituales e ideológicas, que permita reforzar los verdaderos valores y que, por ello, apoye los esfuerzos por sacar a México de la crisis que vive.

Hurgando entre viejos papeles encontré un ejemplar de una de las “joyitas” que nos dejó don Alfonso Reyes Ochoa, la “Cartilla Moral”, importante y de trascendencia a pesar, o mejor, debido a su agradecible brevedad. Don Alfonso, como todos sabemos, abordó muchos temas con sabiduría y sabrosura, como ejemplo dos de ellos: “México en una nuez” y “Visión de Anáhuac”, pero ojear en estos tiempos la Cartilla Moral y comentarla brevemente, viene como anillo al dedo.

Con la venia de don Alfonso entresacaré frases, pequeños trozos de reflexión del docto autor que merecen ser tomados en cuenta en el tiempo histórico, tan difícil, que nos ha tocado vivir.

Propone en su Cartilla Moral el maestro:

“El hombre debe educarse para el bien”.

“La moral de los pueblos civilizados está toda contenida en el cristianismo, pero el bien no es solo obligatorio para el creyente, sino para todos los hombres en general”.

“El bien no sólo se funda en una recompensa que el religioso espera recibir en el cielo, se funda, también en razones que pertenecen a este mundo”.

“La moral es como una Constitución no escrita, cuyos preceptos son de validez universal para todos los pueblos y para todos los hombres”.

“La voluntad moral trabaja por humanizar más y más al hombre”.

Aborda, también, los temas del desarrollo y la ciencia, tan usados en la actualidad para justificar atropellos y abusos y propone:

“Civilización y cultura, conocimientos teóricos y aplicaciones prácticas nacen del desarrollo de la ciencia, pero las inspira la voluntad moral o de perfeccionamiento humano”.

“En los individuos y en los pueblos, el no perder de vista la moral significa el dar a todas las cosas su verdadero valor, dentro del conjunto de los bienes humanos”.

“El solo hecho de obrar bien nos permite ser más felices dentro de la sociedad en que vivimos”.

Destaca, el maestro Alfonso Reyes, la importancia de la familia como formadora y subraya virtudes sociales que parecen desconocerse en la actualidad:

“Con la vida en común de la familia comienzan a aparecer las obligaciones reciprocas entre las personas, las relaciones sociales; los derechos por un lado y, por el otro, los deberes correspondientes”.

“Mi respeto a la sociedad, y el de cada uno de sus miembros para los demás, es lo que hace posible la convivencia de los seres humanos; el problema de la política es lograr que esa convivencia sea lo más justa y feliz”.

“El primer grado o categoría del respeto social nos obliga a la urbanidad y a la cortesía; nos aconseja el buen trato y las maneras agradables”.

Pone el acento en situaciones que nuestra juventud parece haber echado a un lado:

“La Nación, la Patria, no debe confundirse con el Estado”.

“El respeto a la Patria se llama patriotismo, amor a nuestro país, deseo de mejorarlo, confianza en sus futuros destinos”.

“Si consideramos a la especie humana en conjunto, vemos que ella se caracteriza por el trabajo encaminado hacia la superación”.

“Las buenas obras del hombre deben ser objeto de respeto; romper un vidrio por el gusto de hacerlo, destrozar un jardín, pintarrajear las paredes, son actos verdaderamente inmorales; el espíritu de maldad asoma ya cuando, por gusto, enturbiamos un depósito de agua clara, o cuando arrancamos ramas de los arboles; el amor a la morada humana es una garantía moral, es una prenda de que la persona ha alcanzado un apreciable nivel del bien: aquel en que se funden el bien y la belleza”.

Cuanta sabiduría concentrada en un opúsculo de pocas páginas que merece, en los momentos actuales, reeditarse y difundirse pues contiene reflexiones sobre la moral muy importantes, enunciadas por un sabio, hombre religioso, si, activo en asuntos de alto contenido humano.

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