El sexenio que comienza

Pbro. Armando González Escoto

En los últimos domingos he venido presentando una panorámica muy general de las condiciones actuales del estado de Jalisco, por lo menos en aquellos rubros que son los más sustantivos y que dependen directamente de la actuación del gobierno. Ha concluido un sexenio y ha comenzado uno nuevo.

Corresponde a la sociedad y a sus organizaciones ejercer de inmediato un constante escrutinio sobre las acciones del gobierno en sus Tres Poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial; conocer sus nuevos organigramas y el costo que tendrán para el erario público, analizar sus proyectos y programas, evaluar constantemente sus logros sobre todo en aquellas materias cuya situación se ha vuelto por completo intolerable: corrupción, impunidad, inseguridad, nómina, gasto público, etc., es decir, involucrarse; que cada miembro de la sociedad se interese en la gestión pública, y que las instituciones privadas hagan lo propio, toda vez que disponen de mayores recursos humanos y económicos para desarrollar este exigente trabajo de seguimiento a las acciones del gobierno.

Por supuesto que con el nuevo sexenio ingresan al servicio público numerosas personas con excelentes capacidades e inmejorable disposición para hacer las cosas bien, para luchar contra corriente, para trabajar con honestidad, para buscar en todo el bien común por encima de cualquier otro interés, para hacer de Jalisco un estado próspero, seguro, dinámico y solidario, existe una gran confianza en que todas estas personas puedan en efecto desarrollar su buen propósito.

Pero no somos ingenuos, también ingresa un buen número de funcionarios felices de tener un cargo que les dejará solamente ganancias, sin tener que hacer el mayor esfuerzo; funcionarios decididos a repetir las mismas corruptelas de siempre, a chantajear a sus subalternos, a conseguirse asesores fantasmas, a robar lo que se pueda, a vender la justicia en los tribunales, o las influencias en el congreso, a practicar el deporte de los inútiles, es decir, la “grilla”, a identificar las áreas más propensas a generarles ganancias ilícitas: permisos, licencias, mercados, tianguis, reclusorios, pactos con los líderes delincuenciales, control de escuelas, direcciones, inspectorías, cuotas de todo tipo y género, un sinfín de posibilidades donde, pudiendo prestar un buen servicio, se servirán con la cuchara grande a despecho de los hermosos discursos de cambios, refundaciones y reformas.

A nivel federal, tenemos la impresión de que el sexenio comenzó en julio, y que lo hizo en una enorme pista de patinaje sobre hielo, donde los futuros funcionarios no han hecho, sino resbalarse con regocijo general de todos; parte de estos resbalones ha sido la avalancha de declaraciones, enmiendas, rectificaciones y nuevas declaraciones sobre todo tipo de asuntos, que ha hecho de la economía una piñata que sube y baja sin control.

Y cuando el presidente electo ofrece amnistía a cambio de corrección, de inmediato los líderes más corruptos declaran que le tomarán la palabra al señor presidente y que ahora sí que se van a portar bien ¿Puede esto ser creíble? Habrá que ver.

 

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