El Saldo de un Sexenio


Ignacio Román Morales

Una y otra vez ha insistido Enrique Peña Nieto en que el gran logro de su gobierno fueron las llamadas reformas estructurales.

Efectivamente, históricamente México tiene problemas estructurales que hay que enfrentar y corregir. Difícilmente usted o yo podríamos estar de acuerdo con las condiciones económicas de nuestro país. Sin embargo… ¿Cuáles han sido esos problemas estructurales que el gobierno de Peña intentó corregir?…

¿El deterioro ambiental, la contaminación del agua, la mala calidad del aire o la depredación de los bosques y en general de las áreas verdes? No, pues se ha mantenido una alta permisibilidad para contaminar, con tal de “atraer inversión” y “ser más competitivos”.

¿La pésima distribución del ingreso y de la riqueza? Tampoco, pues se ha considerado que limitar la extrema riqueza y la polarización económica implicaría afectar la confianza de los inversionistas.

¿La precariedad del empleo? No, de lo que se trató con la reforma laboral fue de generar empleo formal, aunque fuera eventual, sub-contratado, con ingresos cada vez menores y con jornadas que frecuentemente rebasan el máximo legal permitido.

¿La concentración de la actividad económica en unos cuantos monopolios y oligopolios, en las grandes metrópolis y en unos cuantos los sectores, como las finanzas, la automotriz o las telecomunicaciones? ¡Ni pensarlo! No se tocaría a las “empresas de calidad mundial”, a las proveedoras de divisas ni a las controladoras del dinero.

Entonces, las reformas se centraron en orientar todas las políticas para que el Estado interviniera cada vez menos y dejarle los recursos productivos a grandes firmas (reforma energética); en desproteger aún más al trabajador frente a los capitales (reforma laboral);  en orientar la educación hacia el mercado y no hacia la cultura, la soberanía o la equidad (reforma educativa); en favorecer la penetración de los grandes bancos en todos lados, a expensas de las finanzas populares y locales, incrementando el endeudamiento de los hogares y el riesgo de perder su patrimonio (reforma financiera); en prometer una reforma hacendaria que como contraparte tendría un seguro de desempleo y una pensión universal para adultos mayores que nunca llegaron; en una reforma en telecomunicaciones para favorecer el cumplimiento del “derecho al internet”, que tampoco ha llegado a la mayoría de la población.

En suma, se trató de un discurso en el que supuestamente los consumidores nos beneficiaríamos de todas las reformas, pero al final tenemos un país mucho más polarizado,endeudado, violento y rezagado. Es cierto que México requiere de profundas reformas estructurales, pero no para hacer más ricos a los más ricos y más pobres a los más pobres, ni para acabarnos lo que queda de nuestros recursos. Requerimos reformas en otro sentido, las que nos permitan vivir unidos y en paz, las que nos permitan sentirnos hermanos más que competidores y rivales.

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One comment

  1. Gracias, me parece que este tipo de temas aportan mucho a
    los lectores. Pocas veces me doy el tiempo de leer un articulo hasta el final, y esta vez
    lo he hecho, Felicidades.

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