El camino de cada uno, hacia la Navidad, es personal

Editorial de Semanario #1142

A lo largo de los últimos veinte siglos, somos parte de esa gran caravana que camina hacia Belén.Basta que abramos los ojos a las señales que Dios sigue poniendo en nuestro camino.

En esta caravana hacia la Navidad  hay ángeles entre nosotros que anuncian que algo nuevo está por llegar. Gente que alegra la vida a otros, que los animan, que invierten su tiempo acompañando a ancianos,intentando que esos últimos días sean dignos. Personas con un café y unas galletas, que anuncian a los pastores que duermen al raso, en las calles o debajo de los puentes, que un mundo nuevo y que otra vida es posible.

Oros en la caravana, son magos, que buscan: encuentran un destello y se lanzan tras él. No saben muy bien a donde ir, pero tienen una convicción y un deseo de que puede haber Navidad en medio de la navidad.

Redescubrimos admirados, las otras “cosas” navideñas: un pesebre que se convierte en trono; la humanidad más grande y más frágil; cantos de esperanza; oro,incienso y mirra para un rey que lo es de otro modo.

Es, en los pequeños detalles cotidianos, cuando llegamos al fondo y lo podemos tocar, cuando miramos a la gente, sus gestos y su vida, nos damos cuenta de que en lo profundo, podemos encontrar a ese Dios que nace cada día en nuestras vidas.

En esta caravana encontramos a aquellos que más dolor y sufrimiento están viviendo en nuestra época: los enfermos. Para ellos llega también el tiempo de la Esperanza.

En esta caravana hacia la Navidad están los también los sin techo, los vulnerables, los desposeídos, y todos a los que la vida se les rasgó en algún momento,recuerdan, sienten y añoran más que nunca en la navidad, el calor de ese hogar perdido, de esas relaciones estables que aún les abrigan en las noches de frío invierno.

María, José y el niño vivieron esa añoranza, ese frío, ese miedo de ver que no había posada. Y esa fue la decisión de un Dios hasta ahora todopoderoso, que dejó todo y se hizo como uno de tantos, se hizo un sin techo, un vulnerable.

La esperanza es una muestra de la presencia de Dios en nuestras vidas. Dejamos en sus manos, un anhelo, un proyecto. Gracias a la esperanza vemos nuestra vida convertida en algo mejor. Gracias a la esperanza, avanzamos. Gracias a la esperanza, nos ilusionamos. Evolucionamos. Y es que, sin duda alguna, la esperanza alimentada de la fe, es el motor de nuestras vidas.

Este es el tiempo de mirar alrededor y descubrir que Dios sigue viniendo. Siempre. Por camino sin  sospechados. A la vida de cada uno de nosotros. A nuestra persona.

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