Metas y procesos

Pbro. Armando González Escoto

Cuando la gente se va a confesar suele recibir algún consejo oportuno relacionado con sus faltas o,por lo menos, con la más grave de ellas. Enseguida recibe la absolución puesto que se presume el propósito de enmienda, seguida de la todavía llamada“penitencia”, no otra cosa que alguna oración o buena obra como acción de gracias por el perdón recibido.

El propósito de enmienda es, ni más ni menos, una “meta”, un “objetivo”, un “ideal” que se persigue para evitar de manera definitiva el recaer una y otra vez en determinada falta; pero ningún propósito puede alcanzarse, si no va sostenido por un proceso específico y concreto, medios adecuados y oportunos, que ayuden a las personas a superarse, de otra manera, se acaba siempre en el espacio pantanoso de las metas jamás logradas porque nunca se apoyaron en los recursos pertinentes. Son como los deseos de “feliz Navidad” que no comprometen a nadie,para que la Navidad sea realmente feliz para aquel al que se le desea.

Dios en su sabiduría infinita, no solamente se contentó con desearnos una “feliz redención”, sino que dio los pasos concretos que se requerían para que la tuviéramos, es decir, nos envió a su propio Hijo, y su Hijo Jesús nos ofreció todo un programa muy concreto para que los seres humanos pudiéramos ser partícipes de su reino. Este programa suponía el esfuerzo de entrar por la puerta angosta, el esfuerzo de entender con la mente y el corazón su palabra,el esfuerzo de seguir su camino haciendo vida sus principios y valores. No eran solamente amonestaciones, eran recursos prácticos acompañados todo el tiempo por el don de la gracia.

Los deseos y propósitos de Navidad y año nuevo, corren siempre el peligro de acabar en meras palabras, bonitas y emotivas, si no van sostenidas por programas específicos que garanticen resultados verificables, ya que el juicio final no será sobre nuestros buenos deseos, sino sobre nuestros logros concretos.

Cierto que los regalos de Navidad hacen feliz al que los recibe, pero esa felicidad dura un momento; para que sea perdurable, se necesita recordar que estos regalos materiales son solamente un símbolo, del gran regalo que Dios ha hecho a la humanidad en la persona de Cristo, un regalo que no se agota, que nunca se acaba, sobre todo si el que lo recibe lo hace de corazón y se compromete a hacer todo cuanto le sea posible por conservarlo.

Como Iglesia todavía tenemos mucho camino por recorrer en el campo de los procesos, de los recursos, de los medios prácticos que debemos ofrecer a las personas, a fin deque puedan lograr el gran propósito de la Salvación. Asunto aún más urgente,cuando vivimos en una sociedad cada vez más acostumbrada a exigir resultados concretos, respuestas inmediatas, trato de calidad, medios eficaces, y no posposiciones a futuro.

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