La Serie Sabrina y su mundo oculto

 Fabián Acosta Rico

Lo espectral, lo demoniaco,suscita nuestra mórbida curiosidad; el diablo nos atrae aunque ya no creamos en él; nos entretiene, es para el común de las personas un ser terroríficamen telúdico o divertido. La nueva serie de Netflix, el Mundo oculto de Sabrina  sabe explotar este contradictorio sentimiento de atracción y repulsión hacía lo demoniaco. No es como tal una serie de terror o de horror; pero juega con descaro con nuestros miedos a ese ser que disputa A Dios la posesión de nuestras almas.

El argumento de la serie, de este luciferismo televisivo,  es simple: Sabrina es una jovencita mestiza; es fruto del amor entre una mujer mortal y un brujo; por su doble naturaleza no encaja en ninguno de los dos mundos (el humano y el brujeril). La brujita está en la disyuntiva que conlleva su bautizo oscuro (el que debe recibir cumplido sus 16) puede después de recibirlo integrarse plenamente a su aquelarre o comunidad de brujos entregándole su alma al diablo o tiene la opción de rechazarlo y seguir con su vida de adolescente ordinaria; la cual no es tan mala; tiene buenas amigas y un cariñoso y guapo novio que la ama de verdad.

El señor oscuro (eufemismo de Lucifer) le ofrece poder e inmortalidad; pero, ella es feliz y sobre todo libre con los humanos. La serie explica bien de qué trata el satanismo; lo asocia con la brujería y todos los brujos son lacayos de Satán y han pactado con él la obtención de sus dones y poderes. Sólo hay bien y mal; Dios y el Diablo. Uno escoge. 

El riesgo es que la serie puede despertar entre cierto público, sobre todo joven, interés -incluso simpatía-por el tema del luciferismo o el satanismo; a los cuales asocia con prácticas como la nigromancia y el canibalismo.

Sabrina la bruja adolescente, la serie de los años 90 era una comedia ligera y de ocasión; su nueva versión es lo contrario, además de sus recreaciones de rituales demoniacos y sus referencias a los dogmas satánicos; también tiene muchas referencias a la homosexualidad y al feminismo militante y combativo. Sabrina es un claro ejemplo de como el luciferismo ya no necesita ocultarse y ha sabido infiltrarse en la cultura popo en la que yo denomino como Esoterismo de masas.

Tal parece que el Diablo ya no juega ocultarse, ahora es toda una ‘celebridad´ en el mundo del entretenimiento.

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