Los patrimonios inmateriales de México

Pbro. Armando González Escoto

Desde que la UNESCO tomó la firme decisión de proteger aquellas manifestaciones de la cultura humana que lo merecían por su valor, expresión y significado, el gobierno mexicano, que ya había obtenido diversos reconocimientos para su patrimonio material, buscó también el mismo galardón para su patrimonio inmaterial.

Algunas de estas riquezas culturales se han desarrollado directamente desde el ambiente religioso católico del país, como por ejemplo los rituales del Día de Muertos que fueron ya reconocidos como patrimonio mundial, al igual que la fiesta de San Sebastián de Chiapa de Corzo, más específicamente las danzas de los parachicos.

Desde luego existen muchas fiestas en honor de los santos a lo largo y lo ancho del país ¿Por qué la de San Sebastián ha sido distinguida y no otras? Sin duda que hay otras celebraciones que podrían obtener este reconocimiento mundial, pero no todas. Lo que los evaluadores de la UNESCO buscan es la originalidad y la específica creatividad de una manifestación, en este caso religiosa, y no el hecho general de las fiestas religiosas que se dan en todo el planeta y en todas las religiones.

Las danzas de los “parachicos” que se hacen con ocasión de la fiesta de San Sebastián desde la época virreinal, mostraron dos características, primero su ingenio y singularidad, y segundo, que quienes las ejecutan o contemplan, nunca se dieron cuenta de la importancia de lo que hacían, hasta que observadores ajenos lo advirtieron.

Las comunidades indígenas de cultura mestiza, que desde los tiempos de la evangelización, reasumieron sus costumbres funerales ancestrales ahora desde la perspectiva cristiana, velando las tumbas de sus seres queridos la víspera del día de los fieles difuntos, adornándolas y cubriéndolas de ofrendas, tampoco eran conscientes del valor cultural de lo que realizaban, fue necesario que gente ajena, venida de fuera, contemplara estas celebraciones, las comprendiera y valorara para finalmente reconocerlas como patrimonio de la humanidad.

Con la Romería de Zapopan sucede lo mismo, ni aun los que participan en ella son conscientes del valor que tiene su manifestación, porque la hacen no para obtener una calificación, sino para celebrar un acontecimiento, el regreso de la imagen de la Virgen a su santuario. Tienen que venir personas de otras partes, con otro enfoque, para advertir que, como tal, se trata de una celebración única e incomparable. No es que haya muchas iguales, si así fuera no habría obtenido el galardón que ha recibido, pues la UNESCO valora este tipo de expresiones de acuerdo a su singularidad, a su aporte creativo, a su convocatoria y desde luego en orden a la relación que la tradición establece entre la comunidad y el medio ambiente, entre otros factores.

Para comprender el fenómeno religioso y cultural de la romería hay que salirse del contingente y observarla en su conjunto, entender que los cabezales que ahí se expresan tienen raíces múltiples que vale la pena indagar, esto nos libraría de dar opiniones simples, superficiales, que acaban traicionando el valor de estas celebraciones.

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