Misión noble la del buen policía

Hermanas, hermanos en el Señor:

Dios, en el Antiguo Testamento, por así decirlo, ocultó su rostro. Sin embargo, llegada la plenitud de los tiempos (cfr. Gál 4,4), se quiso manifestar con un rostro humano. Siendo Dios, se hizo verdadero hombre, y nació de la Virgen María. Por lo que, en Jesús, podemos contemplar el rostro amable, sencillo, bondadoso y misericordioso de Dios.

Jesús es la revelación del Padre, porque es Dios como Él y hombre como nosotros. Con su encarnación, todas las circunstancias humanas que vivimos nos llevan a experimentar a Dios y alcanzarlo.

San Juan nos dice que a Dios no se le ama sino en el prójimo, porque el Señor se encarnó y, por lo tanto, está presente en el hermano.  “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ve?” (1Jn 4,20). Por lo que, la encarnación de Dios nos da la posibilidad de servirlo y alcanzarlo en todas nuestras actividades humanas.

Al dirigirme a los hombres y mujeres que sirven a la sociedad como policías, les digo que su actividad es muy noble cuando se cumple cabal y fielmente, cuando mira a preservar la seguridad y la justicia de los demás. Éste es un rasgo que el Señor quiere para todos sus hijos: que vivamos en seguridad, en tranquilidad, y con justicia.

Si los policías, con su actuación, con su buen desempeño, colaboran para que los ciudadanos vivan en paz y en justicia, están desarrollando una obra verdaderamente  noble, magnífica, que hace percibir la Providencia de Dios, es decir, el cuidado que Él tiene y quiere para todas sus criaturas, porque el Señor nos quiere seguros, libres, dignos, en paz. Por eso, cuando los policías cumplen su función puntualmente, están haciendo que se cumpla para los demás lo que el Creador quiere para sus hijos. Por eso, su misión es muy grande, y entonces, hay que reconocerla, agradecerla y fomentarla, y hay que asegurar, por todos los medios, que se cumpla esa misión.

Los policías tienen una responsabilidad personal y otra institucional. Cuando personalmente se responde con apego a la Ley, al Derecho y a los Derechos Humanos, al respeto a la dignidad de los demás, están colaborando para que su Corporación alcance su fin. Pero también, cuando los policías desvirtúan esta misión, en lo personal, se contribuye a que la Corporación esté fallando en su función.

A Dios lo podemos experimentar cuando los demás nos ofrecen su servicio, su seguridad, su misión, y nosotros podemos colaborar a que los demás experimenten su misión cuando cumplimos fielmente la nuestra.

Pedimos al Padre que, con la fuerza de su Espíritu, el trabajo, servicio y misión de los policías sirva para la transformación de nuestra sociedad, y ésta sea más justa, libre, armónica, en paz, para colaborar en el desarrollo de nuestro país.

Le agradecemos a Dios por el trabajo de los policías cuando lo hacen con honestidad, y le pedimos que escuche sus legítimos anhelos, sueños y deseos personales y familiares.

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