“Reformas no revolución”

Redacción ArquiMedios

La revista mensual “Donne, Chiesa, Mondo” del diario vaticano L’Osservatore Romano, cuya directora es Lucetta Scaraffia, dedica su edición  N°. 75, correspondiente al mes de Enero de 2019, a las reformas necesarias para que la mujer alcance el lugar que merece en la Iglesia, y titula su edición como  “Reforma no revolución”.

En su editorial, manifiesta: “No es necesaria una revolución para dar a las mujeres el lugar que merecen en la Iglesia, no es esencial otorgarles el sacerdocio, ni siquiera el tan esperado, pero al mismo tiempo temido, diaconado. De hecho, solo un poco de coraje y la capacidad profética de mirar hacia el futuro con ojos positivos, aceptando cambios que a menudo ya están incluidos en el orden de las cosas. En este número de “mujeres en el mundo de la iglesia” tratamos de proponer cambios que podrían hacerse a partir de ahora, sin tocar dogmas o códigos de derecho canónico. También siguiendo las sugerencias formuladas en el sínodo sobre los jóvenes por el Cardenal Marx.

“El Código de Derecho Canónico de 1983 abrió a los laicos – y luego las mujeres – muchas oportunidades para la participación institucional, aunque algunos continúan, la prueba de los hechos, hay que superar la resistencia de los que, sin razón ni un apoyo legal, busca excluir de los roles más importantes. En este caso, como en muchos otros, los obstáculos son sólo en el rechazo de muchos para hacer que la igualdad real reconocido de otro modo y la teoría aceptada, pero nunca una aplicación concreta.

“Desde luego, los pequeños obstáculos para la práctica de esta igualdad se encuentra en el fondo cultural de las diferencias religiosas, reservada a los religiosos y sacerdotes. ¿Quién diría hoy, que a principios del siglo XX, las religiosa estuvieron entre las primeras mujeres en graduarse de las universidades estatales, que enseñaron en sus escuelas, las primeras en abrir cursos para las enfermeras y los institutos de formación docente para las niñas? Los religiosos se han convertido en los últimos de la vanguardia.

“Mujeres – y sobre todo – religiosa ya pueden ser invitadas a participar en muchas organizaciones, como el consejo de cardenales instituidas por el Papa Francisco exactamente un mes después de su elección, o hablar en congregaciones que preceden al cónclave.

“Las organizaciones religiosas ya existentes, que eligen a sus representantes, pueden convertirse en interlocutores válidos de las instituciones eclesiásticas, ser consultadas en el momento de las decisiones y escuchadas en sus experiencias. Es preferible que la presencia femenina en la Iglesia sea la que se exprese libremente mediante asociaciones, en lugar de la práctica vigente en la actualidad de elegir figuras femeninas solteras de la jerarquía. Esto evitaría una relación paternalista con los religiosos y una selección que arriesga recompensar no a los más competentes sino a los más obedientes”, concluye.

La revista presenta 15 artículos que abordan a profundidad el tema desde diferentes aristas. Destaca “Estudiando en la celda”, un artículo de Cristiana Dobner, en el que se cuestiona “¿Mujeres y enterradas vivas? ¿Es esta la mirada que la sociedad de hoy nos plantea?” y señala: “La mujer monja de hoy no tiene nada que envidiar al monje masculino: el proceso teológico, requerido no solo para poder madurar un ministerio sacerdotal, sino para poder vivir plenamente la vida entrelazada en silencio y soledad, no tiene diferencias en cuanto a género y capacidad cerebral”.

Y resalta que “el tiempo requerido para leer, desde probar los grandes textos de nuestra tradición, forja a una joven que no se relega a los servicios inferiores porque está segura de que vivirá con humildad y atraerá las gracias del Señor. Esta concepción es estéril porque humilla a la mujer y no la hace florecer por lo que es: una persona pensante.

“Sin lugar a dudas, todo el mundo monástico requiere servicios de trabajo manual, pero no cuenta, al final, la postura interna que hace que cualquier servicio esté impregnado de lo absoluto.

“Sin embargo, el triste peso de una cultura dominada por los hombres todavía se siente en la actualidad, en la que la monja y la monja son consideradas como artes de trabajo, manos laboriosas y nada más.

“Necesitamos derribar algunos muros y, quizás con las manos vacías, abrir algunos huecos, solo para que la definición de la monja de Hans Urs von Balthasar adquiera toda su luz: “Me he encontrado con Dios”, manifiesta el interesante análisis.

Cuarenta y cuatro páginas a todo color, un formato más práctico, reflexiones, profundizaciones y nuevas secciones a cargo de las hermanas de la Comunidad de Bose. Cada mes la voz femenina de L’Osservatore Romano se puede leer en el sitio web del periódico (http://www.osservatoreromano.va/it/section/donne-chiesa-mondo).

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