Jalisco estancado

Editorial Semanario #1145

Jalisco es un Estado importante en territorio, en población y en problemas reales. Lo más sensible para todos es el tema cotidiano de la Inseguridad. Una espiral de violencia que en diciembre y lo que pinta de enero, no disminuye, se ensancha.

Y el problema es que incide en todo. En la productividad, en la inversión, en el turismo, en el desarrollo. En otras palabras, el crimen organizado y el desorganizado atacan las venas de la economía y el corazón de la sociedad.

Es difícil refundar sin tener con qué. No por falta de voluntad, ni de falta de compromiso,  o de recursos humanos. El Gobierno Federal recortó un poco más del 70 % de las participaciones federales. Todos sabemos que el pacto federal es para construir un país más igualitario. Hay zonas de nuestro país muy pobres y con gran desigualdad. Por eso se nos aplicó el presupuesto Robín Hood: quitarles a los Estados con más recursos, para favorecer a  zonas más carentes. Pero el estancamiento en nuestro Estado de Jalisco es evidente.

Hasta en el discurso estamos estancados. La declaración del gobernador actual de que el aumento de las ejecuciones se da porque los criminales se están matando entre ellos, repite lo mismo que los anteriores tres gobernadores.

En Jalisco tenemos nuestras propias desigualdades y estancamientos que tenemos que subsanar, y nuestros propios compromisos por cumplir para seguir creciendo.

La nata gris con la que convivimos en navidad y año nuevo nos indica que a los habitantes del área metropolitana, el evitar la contaminación no es algo prioritario. Si existiera una verdadera educación ambiental, la probabilidad de que nuestra ciudad viva contingencias ambientales sería mínima.

Estamos estancados en democracia, en educación cívica, en el manejo de las aguas, en la industria piscícola, en el cuidado del medio ambiente y sobre todo en el desarrollo igualitario.

Estancados en la desconfianza, la sociedad civil organizada es vista con sospecha. La gran mayoría de quienes dedican una parte de su tiempo a la reivindicación y la defensa de derechos vulnerados, como la iglesia,  le hacen un gran servicio a la nación. No colaboran con partidos ni ganan elecciones porque no se proponen conquistar espacios de poder, sino ser contrapeso a quienes detentan los poderes. No es sensato combatirlos, ni despreciarlos por su condición social de clase media.

Debemos pedir a los dos  gobiernos, al Estatal y al Federal, que recuperen la confianza en quienes se atreven a contradecirlos. No todos los críticos tienen malas intenciones, ni todos son malas personas, ni actúan llevados por el odio.

No todos merecen el maltrato ácido de quienes ostentan hoy el poder, algunos ciudadanos tienen razones que merecen ser escuchadas. El poder no equivale a la verdad.

Se necesita mesura y actitud de escucha. No es necesario que cada polémica y cada debate se conviertan en una afrenta, porque gobernar no es lo mismo que oponerse a quien decide.

El 2019 pondrá a prueba al nuevo gobierno de México y de Jalisco, las decisiones que tomen serán magnificadas, para bien o para mal, por el difícil entorno nacional e internacional.

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