La cartilla moral

Pbro. Armando González Escoto

Hacía muchísimos años que a ningún presidente de este país se le había ocurrido que buena parte de los problemas nacionales que tenemos se deben justamente a la pérdida de los valores éticos y morales, base de toda sociedad. Hace unas semanas el presidente Andrés Manuel López Obrador presentó ante una audiencia de personas mayores la “cartilla moral”, afirmando su importancia y la necesidad que los mexicanos tenemos de asumir su contenido.

Inmediatamente surgieron por todos lados voces en contra, críticas y burlas, sobre todo, porque los opinadores cometieron el error de hablar antes de informarse bien, de ahí su sorpresa cuando posteriormente se enteraron de que la “cartilla moral” era un producto nada menos que de don Alfonso Reyes, poeta, ensayista, diplomático, pensador, erudito, y liberal, quien se desempeñó en diversos puestos gubernamentales, entre otros el de Secretario de Educación. Esta cartilla se publicó en 1952 y estaba dirigida a los maestros del sector público.

Los defensores a ultranza del estado laico consideraron que el paso del actual presidente vulneraba esta conquista jurídica; a su parecer el estado laico debe ser inmoral o por lo menos amoral, como de hecho lo ha sido y con grande provecho para sus funcionarios.

Otros opinadores se burlaron considerando la cartilla moral como una especie de catecismo para niños, sobre todo porque para ellos la palabra moral está vinculada a la religión, y la religión, de acuerdo a su modo de pensar, debe confinarse a la vida privada sin ningún efecto sobre la pública.

Por otra parte, querer gobernar un país invitando a la ciudadanía a la práctica del bien y de las virtudes, sonó a muchos como un discurso anacrónico, utópico y ajeno a la realidad. ¿Luego lo que debe imperar es el ejercicio de la fuerza para controlar las conductas, no la formación en los principios y los valores?, ¿Quién es más primitivo?

La cartilla moral fue la expresión sintética de lo que debería ser una ética de la sociedad secular desde el pensamiento de Alfonso Reyes, al margen de cualquier religión. Aunque esta cartilla se reeditó en 1992 con los mismos destinatarios, es decir, los maestros, careció de acompañamiento y de seriedad en su ejecución hasta perderse en el olvido de los nuevos tiempos, donde los únicos valores que importan son los económicos y el único principio que vale es el del individualismo salvaje. Ya un político de conocido partido había declarado por esos años que “si la moral no es un árbol que da moras, de nada sirve”; por lo menos hay que reconocerle su sinceridad.

Sin duda que la nueva reedición de esta cartilla debió haber sido actualizada en diversos conceptos, incluso en su lenguaje, para asegurar su mejor asimilación y sobre todo su observancia, pero que la sociedad mexicana requiere con urgencia de recuperar principios y valores no está a discusión, su ausencia está causando cada vez mayores tragedias.

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