Corrupción: ¿Deben pagarla los contribuyentes?

José Luis Ochoa Torres

Es un hecho tristemente notorio, que el año pasado, al menos  19 de los 32 últimos gobernadores que han terminado su encargo, o se encontraban presos, o prófugos de la justicia, por delitos tales como lavado de dinero, enriquecimiento ilegítimo, cohecho y tráfico de influencias (entre otros).

Ello le ha costado al país muchos miles de millones de pesos; pero además, al haber dejado carencia de recursos, y también muchas deudas a los Estados y Municipios correspondientes, los Gobernadores y Presidentes Municipales entrantes, se han visto en la acuciante necesidad de aumentar sus ingresos, mediante el incremento de impuestos y Derechos Estatales y Municipales, como por ejemplo sobre nóminas, sobre negocios jurídicos e instrumentos notariales, sobre adquisición de inmuebles, impuesto predial, y Derechos por el otorgamiento de licencias y permisos de construcción, remodelación o uso del suelo, (sin mencionar los llamados «giros negros»).

Contribuciones todas éstas, que generalmente gravitan sobre las mismas personas físicas o jurídicas que ya tributan en impuestos federales, de los cuales las entidades federativas y los municipios participan, o -mejor dicho-, deberían participar de manera equitativa en la Recaudación Federal, según lo dispuesto por la Ley Federal de Coordinación Fiscal.

De esta manera, también el costo de los dispendios, derroches y corrupción de los gobernantes recaen sobre quienes además de haber venido tributando acaban pagando los “platos rotos” de los servidores públicos desleales.

Más todavía: el impuesto estatal sobre nóminas, gravita sobre las personas físicas y morales que generan empleos; llama la atención la proliferación de este tributo, en un país que lo que requiere es justamente una mayor generación de empleos. Es pues imprescindible la creación de políticas públicas congruentes con una genuina, y no asimétrica promoción del crecimiento y desarrollo económico del país.

En suma: en lugar de promulgar leyes inconstitucionales, como la de Seguridad Privada, y otras que atentan contra la libertad de expresión, o promueven el aborto, es imprescindible propiciar un crecimiento y desarrollo integral para todos los mexicanos (bienestar y bienser), dentro del marco de verdadera separación de poderes, y en la forma democrática y republicana, que contiene nuestra Constitución Federal.

La injusticia del sistema tributario, parece deducirse de la mención de Zaqueo… (Lc.19,8-10). Sobre la eticidad de los impuestos, les presento las siguientes frases tomadas del Evangelio y del Magisterio de la Iglesia:

Jesús afirma: “dar al César lo que es del César…” pero también señala que sólo deben pagar tributo los “extraños”, no los “hijos”. Jesús lo paga para “no escandalizarlos”. (Mt. 17,24-27).

Existe, también,  conforme al Magisterio de la Iglesia lo que llamaremos: “objeción fiscal de conciencia” pues San Juan Pablo II dice: “no sean víctimas de la imposición tributaria…” (Juan Pablo II. Discurso a los participantes en un congreso para la “Confédération Fiscale Européenne”. 7-Noviembre-1980)

El mismo Santo Tomás de Aquino enseña en la Summa Teológica: “No es lícito obedecer las leyes humanas… cuando la ley impone un gravamen injusto a los súbditos” (S.Th.,I-II, q.96, a.4 ad 2-3)

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