Conchita Cabrera: Un milagro que agradecer (Parte 1/3)

Receptor del milagro atribuido a la intercesión de Conchita Cabrera comparte el testimonio de su enfermedad, el estilo de su fe y el favor concedido mediante la cautivadora mirada de la próxima beata mexicana.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

Concepción Cabrera de Armida, mexicana ejemplar, fundadora de la gran Familia de la Cruz, espiritualidad revelada por Cristo, será beatificada el próximo 4 de mayo en la Basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México.

Como parte del proceso de beatificación, la Iglesia requiere la intercesión del candidato en un milagro, un suceso científicamente inexplicable y que lleve al candidato a los altares para la veneración de los fieles católicos.

En el caso de Conchita Cabrera de Armida, el milagro fue obrado en favor de Jorge Guillermo Treviño Gutiérrez, un regiomontano que padeció, durante 15 años, una enfermedad que los médicos, incluso a nivel internacional, no pudieron determinar.

Cecilia Plancarte y Jorge Treviño

De visita en Guadalajara, Jorge y su esposa Cecilia Plancarte, compartieron el testimonio del “calvario” que vivieron durante los 15 años en que Jorge se vio privado de su salud.  

El tortuoso camino de una enfermedad sin nombre

Jorge señala que todo comenzó con un calambre producido por un desgarre muscular y hemorragia interna, estando sentado.

“Los médicos señalaron que no encajaba con ninguna enfermedad conocida, pero para ser tratado, se necesitaba tener un diagnóstico, así que los médicos se dedicaron a buscar”, comenta.

“Durante los 10 primeros años de la enfermedad hicieron estudios de todo. Lo que ocurría era que, aun cuando no estuviera haciendo nada, el músculo se ponía duro, se contracturaba y se desgarraba. A veces eran uno, dos o cinco, hasta 10 diarios. Con el paso de los años, había músculos que no podía mover”, explica.

A Jorge constantemente se le hacían desgarres musculares

“Uno de los médicos pensó que podría tratarse de algún tipo de esclerosis y me dieron quimioterapia durante 6 meses. Así me dieron tratamientos para diferentes enfermedades y síndromes como el de Julian Barrett, el de Hombre Rígido y de otros tantos. Decidieron incluirme en varios protocolos a ver si le atinaban a lo que tenía”.

“Una vez que mi expediente médico llegó al El Vaticano después del milagro, se le puso ‘Calambres y contracturas involuntarias con desgarres musculares y hemorragia de origen desconocido’. O sea, no lo calificaron como una enfermedad, sino señalaron todas las cosas que pasaban para poder decir de qué me iban a estudiar”.

La enfermedad dañaba también órganos vitales

“El pulmón, por ejemplo, se ponía rígido, se contracturaba o se ponchaba y se llenaba de coágulos, me causaba neumonía; o el estómago se contracturaba y me causaba úlceras, no de irritación y progresivas, sino que se rompía el estómago; o el corazón empezaba con distintos problemas. En ese momento los doctores determinaron que la enfermedad no iba a cambiar; eran 11 años de ir para abajo, cada vez iba más cerca del hoyo, por más tratamientos y con nada iba mejor”, comenta Joge.

“Cecy hizo un expediente médico, ayudada por una sobrina doctora, porque recopilando todo eso, se mandó con los neurólogos y demás especialistas que vieron mi caso. Incluso dijeron que en sus Congresos Internacionales presentaban casos extraños de manera que otros médicos opinaran o tal vez tuvieran un caso igual.

“Mi caso fue presentado en Congresos en Europa, Inglaterra y Estados Unidos, tres Congresos que nos dijeron tienen casi 3 mil miembros, médicos neurólogos, en los que diferentes vertieron sus opiniones: sugirieron tratamientos, pero resultaba que todo eso ya me lo habían hecho”.

Sin muchas esperanzas

Jorge Treviño

“Era el año 13 de la enfermedad y simplemente determinaron estabilizarme (no veían posible curación). Trataban de estabilizar mi situación sintomática con anestesia general, con quimios, con medicamentos, con pastillas para dormir que me daban en dosis altas para ver si al relajarse mi cuerpo mi situación mejoraba pero no, no ocurría. A mi esposa ya le decían que no había nada que hacer.

“Pasamos los últimos años entrando y saliendo de hospitales, porque cuando se daba un desgarre o la rotura de un ligamento o una hemorragia, tenía que ir a un hospital. También había momentos en que subía el azúcar o me diagnosticaban hipertensión y todos mis niveles estaban mal”.

Aceptar alegremente la vida que Dios nos ha dado

“En el 2007 llegaron a visitarnos dos amigas de Cecy: Isabel y Marcela. Al darse cuenta de mi situación, Marcela nos dijo que nos presentaría al padre Juan Gutiérrez, para que nos diera apoyo espiritual.

“Yo me crié con mi abuela y ella me decía: ‘No le pidas a Dios nada porque eso es renegar de la vida que te toca vivir. Solo habla con Jesús y dale gracias siempre’.

Jorge Treviño.

“Yo tenía 33 años cuando empezó la enfermedad y tenía 47 años al final de ella. Así que en esos 15 años nunca voltee a ver a Jesús para pedirle que me ayudara o me curara. Todos los días hablaba con él, sobre lo que me tocó vivir: si comía, si tenía visita, pero nunca le pedía.

“Puedo decir que he sido una persona feliz, desde chico hasta la actualidad. La vida que me tocó vivir, la vivía con dignidad y respeto. Nunca renegué de lo que pasaba, nunca renegué de lo que sucedía.

“Esa forma espiritual en que me educó mi abuela me llevó a dar gracias siempre por el día y al final del día”.

¿Quién fue Conchita Cabrera?

  • Concepción Cabrera Arias (de Armida) nació en San Luis Potosí el 8 de diciembre de 1862. Su familia tenía cierta estabilidad económica, poseían varias tierras y ranchos.
  • Su hermano mayor, Octaviano Cabrera, fue dueño de varias haciendas, la más conocida, a través de Conchita, es la hacienda de Jesús María.
  • La familia participaba frecuentemente en eventos sociales; fue en un salón de baile, que siendo adolescente, Conchita conoció a Francisco, quien luego sería su marido.
  • El matrimonio se prolongó por 17 años hasta que Francisco murió dejando viuda a Conchita a la edad de 38 años.
  • En 1893, Conchita conoció al padre Alberto Mir, S.J., quien se convirtió en su primer director espiritual.
  • Conchita empezó entonces a desarrollar toda su vida interior, un organismo espiritual. Dios providente lo permitió.
  • “Empieza a desarrollar virtudes que ya tenía como el amor a la Eucaristía y la penitencia”, explica el padre Edurardo Ramos Pons, MSpS.
  • Un momento que marcó la vida de Conchita, pero sobre todo la vida de la Iglesia, fue el día que Conchita salió al mercado con la idea de buscar un crucifijo para colgarlo en su pecho y llevar a Cristo cerca de su corazón.
  • La sorpresa fue que no encontró una Cruz, sino solo el Cristo en postura de crucifixión: “Entonces asegura: esto es lo que yo andaba buscando, yo voy a ser la Cruz de Jesús. Y así empieza todo un proceso. Es como si Jesús le hubiera cambiado el: Tú serás Cruz de Jesús. La idea es que cuando te vean a ti, me descubran a mí”.

En la siguiente entrega, contaremos como Jorge se encontró por primera vez con la diáfana mirada de Conchita, y el tortuoso viaje a Jesús María que estuvo a punto de costarle la vida.

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