Un laico postulador de una causa de canonización: Enrique Varela

Marta Elena Vallejo Macías*

Al mediodía del miércoles 23 de enero, al tiempo de arrancaba del Santuario de Guadalupe y a los pies de la tumba de Fray Antonio Alcalde, el recorrido que ofreció el Presidente Municipal de Guadalajara, Ismael del Toro, por el Paseo de aquel nombre, al maestro Juma Assiago, Coordinador Global del Programa ‘Ciudades más seguras’, de ONU-Hábitat, de paso por la capital de Jalisco para tomar parte en el Encuentro de Seguridad Urbana ‘Hacia el foro norteamericano de seguridad pública’, el párroco de aquella comunidad, señor canónigo J. Guadalupe Dueñas Gómez, actor de la causa de canonización del siervo de Dios, y quien esto escribe, coordinadora del Grupo Amigos de Fray Antonio Alcalde, fuimos notificados que justo en ese momento acababa de fallecer don Enrique Varela Vázquez, a cuya capilla ardiente acudimos esa noche, para ofrecer nuestras condolencias a su cónyuge y dolientes.

El postulador de la causa de canonización de Fray Antonio Alcalde

Se me pidió redactar esta columna atendiendo a dos circunstancias: el trato personal que tuve con don Enrique, nombrado postulador de la causa de canonización de fray Antonio Alcalde el 14 de septiembre de 1994, en un documento en el que el arzobispo Juan Sandoval, luego de hacerle saber que “el éxito de la causa depende en gran parte del Postulador, que representa al actor y trata la causa ante el tribunal diocesano, defiende los intereses de la misma y colabora con la autoridad eclesiástica en la búsqueda de la verdad”, le pide “que lleve escrupulosamente todos los trabajos que se le encomiendan para el buen seguimiento del proceso”.

En atención a ello doy fe de cómo don Enrique se dio a la tarea de echar los cimientos de un puente gracias al cual el día de hoy diversos actores sociales, hasta entonces disgregados, se han unido para bien de todos en el conocimiento de la vida y obra del siervo de Dios: la sociedad civil, la Arquidiócesis de Guadalajara, el Hospital Civil, que hoy lleva el nombre de su fundador, la Universidad de Guadalajara, también fundación suya, y los gobiernos Estatal y Municipal.

La designación de un fiel laico para una encomienda como la aquí señalada resultaba algo insólito en la Arquidiócesis tapatía, pero justificable por los siguientes datos: fue don Enrique un cristiano a carta cabal, forjado en una época durante la cual las relaciones entre la Iglesia y el Estado eran jurídicamente nulas, pero que después de las turbulencias de la persecución religiosa en México y a partir de 1940, se fueron suavizando.

Oriundo de la Parroquia del Santuario, el señor Varela cursó los estudios humanísticos en el Seminario Conciliar de Guadalajara, del que se separó sin cortar su nexo con esa cepa y conservando toda su vida un compromiso desde su condición de laico que sin duda podemos calificar como ejemplar.

Contrajo matrimonio con la señora Raquel García, que le sobrevive, y tuvieron por hijos de forma natural a Lourdes (q.e.p.d.) y de forma nutricia a Antonio Uriarte García.

Eso y algo más

La participación intensa de don Enrique Varela entre 1958 y 1990 como Presidente de la Cámara de Comercio de Guadalajara fue la escuela donde aprendió y enseñó el arte de unir todas las voluntades en la consecución del bien común.

Fue gracias a eso que una instancia intermedia entre el gobierno y los ciudadanos, el Consejo de Colaboración Municipal, creado en 1943 a instancias de don Efraín González Luna y con el visto bueno del Gobernador Marcelino García Barragán, donde la Cámara de Comercio pudo disponer de fondos económicos copiosos que administró a beneficio del pueblo de Jalisco con eficacia y honestidad memorables, reforzada luego, mediante una Junta General de Planeación, presidida por don Elías González Chávez, provocó la transformación urbana de Guadalajara, y en ello el señor Varela fue un gestor fundamental.

No menos de ello fue la injerencia que tuvo, en 1964, durante el primer viaje de la Cámara de Comercio tapatía a Europa, que hermanó la capital de Jalisco con diversas ciudades del mundo, y en la que coincidieron en Roma con el arzobispo de Guadalajara, el Cardenal José Garibi Rivera, cuando se fijaron condiciones muy favorables para que personas tan pudientes como don Félix Díaz Garza, dieran su respaldo absoluto y generoso para el establecimiento del Colegio Mexicano en Roma, que tantos frutos buenos ha dado al pueblo de México.

Finalmente, no podemos dejar en el tintero cómo don Enrique, con el respaldo de don Javier Arroyo Chávez, hizo posible que la Cámara aludida creara el Instituto Dávila Garibi en 1983.

El espíritu de fray Antonio Alcalde…

Creemos que don Enrique Varela Vázquez ya contempla a Dios cara a cara. Nos unimos a los sentimientos de sus deudos y nos quedamos con su legado desde la tarea que recibió con gusto y desarrolló lo mejor posible: darle al siervo de Dios fray Antonio Alcalde el lugar que se merece como constructor de la segunda ciudad en importancia de México.

Descanse en paz quien fuera el primer postulador de su causa al honor de los altares.

*Presidente de Amigos del Paseo Fray Antonio Alcalde, A.C.

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