Los ombligos de este mundo

“Yo necesito pocas cosas y las pocas que necesito, las necesito poco”, San Francisco de Asís.

Fernando Díaz de Sandi Mora

Es vergonzoso observar cómo el ser humano va creándose cada día más dependencias, necesidades “fantasma” que le impiden disfrutar de todas las bendiciones de este mundo. Vivimos en una sociedad de apego, con una multitud de ombligos existenciales que nos atan a personas, cosas, situaciones, circunstancias, dependiendo de ellas para ser, para hacer, para sentirnos cómodos y parte de este mundo.

¿Has visto el caos que se genera cuando llega a caerse la señal de internet? ¿Cómo te pones cuando por la mañana no arranca tu auto? ¿Cómo te sientes cuando tu celular ha agotado la batería y se apaga?

Hemos perdido la memoria de lo importante y hemos cedido el trono en nuestras vidas a los aparatos, a los servicios tecnológicos; hemos sometido muchas de nuestras capacidades al abuso de estos recursos creados para facilitar la vida no para suplantar o anular nuestros esfuerzos, habilidades o aptitudes.

He conocido personas que desconocen el teléfono de sus parejas, padres o personas más allegadas y siempre deben recurrir al directorio de su celular. He visto personas que en lugar de ayudar a alguien que ha tenido un accidente, primero se ponen a tomar fotografías y postearse en las redes sociales. Cada día son más las parejas que atiendo por problemas derivados del “Face”. Conozco personas que para ir a la tienda a dos calles de su domicilio se llevan el auto. ME ha tocado ver a madres de familia pagarle al señor de la papelería o del “ciber” para que le busque y haga la tarea al niño. Los jóvenes conciben distracción o diversión con beber hasta perder el juicio, o con incontables encuentros sexuales.

En fin, está claro que dependemos cada vez más de muchas cosas, casi de todo. La libertad, el regalo supremo de Dios está olvidado: cada día nos colgamos más cadenas, cada día nos ponemos más candados, cada día disfrutamos menos de las maravillas de este mundo, porque nuestra felicidad depende de muchas cosas, de casi todo, menos de nuestra capacidad de ser, de aprender, de descubrir, de servir, de desarrollar nuestras habilidades.

Vivimos en la era de lo fácil, lo rápido, lo automático, desechando los esfuerzos, los retos, la oportunidad de incrementar nuestras capacidades y poner al servicio de los demás nuestros dones y talentos. Somos hijos forzados de este siglo, de esta era de hombre de wi fi, de gasolina, de pantallas, de cables, de lo desechable.

Te invito a cortar con todos los ombligos posibles, deja de ser hijo de la modernidad insana, la que te obliga a consumir y termina por consumirte. Dios creo para nosotros un maravilloso mundo, lleno de interminables bendiciones y personas para servir, compartir y disfrutar.

Recupera tu vida, y arráncate los cables.

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