¿Siento ganas de escuchar y predicar la Palabra?

Desarrollo Espiritual,

V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, Ciclo C, 10 de Febrero de 2019.

LA PALABRA DE DIOS ES PARA EL QUE TIENE HAMBRE

Pbro. Sergio Arturo Gómez M. / Pbro. J. Jesús Suárez Arellano

¿QUÉ NOS DICE DIOS EN ESTE DOMINGO?

Isaías 6, 1-8: Isaías tuvo una sobrecogedora visión en el templo: contempló a Dios, el Santo y el Rey del Universo, rodeado de su gloria… Sus Labios fueron purificados con una brasa ardiente… (Con)movido por esta experiencia, aceptó convertirse en un enviado (profeta) de Dios…

Salmo 137: Te doy gracias, Señor, canto para ti, por tu amor y tu verdad… Tú me respondiste y aumentaste mi fuerza… Todos te alabarán cuando escuchen tus palabras… Ponme a salvo, tu amor es eterno, permanece conmigo…

1 Corintios 15, 1-11: Pablo pide a los Corintios (y a nosotros) que recordemos siempre e íntegramente el mensaje de salvación que se nos ha anunciado… Y que dejemos que la gracia de Dios actúe en nosotros

Lucas 5, 1-11: Pedro y sus compañeros eran pescadores expertos… Jesús, después de la pesca milagrosa, los llama para ser expertos pescadores de hombres… Ellos dejaron todo para seguirle…

REFLEXIONEMOS JUNTOS:

En las lecturas de este día, se nos narran tres relatos vocacionales: el de Isaías, el de Pablo y el de los primeros discípulos, principalmente Pedro… Dios los hace sus enviados, anunciadores de su doctrina y pescadores de seres humanos…

“No temas; desde ahora serás pescador de hombres”

Dios nos llama nuevamente a que escuchemos la Palabra, a que la meditemos, a dejarla que nos transforme desde dentro para que, finalmente, la podamos anunciar como un servicio a los demás… ¿Yo escucho desde mis necesidades y con atención la Palabra? ¿Medito la Palabra de Dios? ¿La anuncio? ¿Siento que Dios me da una tarea para toda la vida y para cada día?

¿Sentimos necesidad de escuchar la Palabra?

Sin duda que la Palabra es poderosa, pero aumenta su eficacia cuando la escuchamos con “hambre”… Por ejemplo, en el Evangelio de hoy, vemos a Jesús predicando y a la gente “apiñándose” a su alrededor porque querían escuchar de cerca y atentamente la Palabra de Dios, por eso el Maestro tiene que subirse a una Barca y hablarles desde ahí… Descubramos si nosotros hoy sentimos esa necesidad de escucharlo: La Palabra, por ejemplo, lo que se lee en las misas dominicales, ¿tiene sentido para mí? ¿Ilumina mi vida? ¿Me sirve para resolver situaciones concretas durante la semana? ¿Me ayuda a percibir mis problemas y tareas cotidianas desde otra perspectiva? ¿Me es útil para aconsejar y formar a otros con ella?

Hay un detalle que llama la atención en las tres narraciones que escuchamos: antes de que Dios encomiende una tarea a alguien, éste debe reconocer sus limitaciones.  Isaías se siente de labios impuros; Pablo se sabe un perseguidor; Simón Pedro y sus compañeros se confiesan pecadores… Sólo después de este acto de humildad Dios los llama y los envía… El Señor necesita que reconozcamos nuestros límites para que Él pueda ensancharlos… ¿Soy orgulloso o humilde ante Dios?

¿Estoy dispuesto a que Dios “controle” todas mis actividades y toda mi vida toda?

Además de reconocer nuestros límites y flaquezas hemos de entregar el control de nuestra vida y acciones a Dios.  Veamos el caso de Simón Pedro: Él era un pescador experimentado y Jesús, obviamente, no lo era, podría parecer un atrevimiento el que Jesús, siendo un artesano, le dé órdenes a Pedro, que era pescador, en lo que es su especialidad… Pero Jesús demuestra saber más de nuestros oficios y de nuestra vida, incluso más que nosotros mismos… A veces pensamos que nuestra vida es sólo nuestra y que ni Dios se puede meter en ella… Pedro tuvo que rendir su inteligencia y voluntad ante la de Jesús… ¿Estoy dispuesto a que Dios “controle” todas mis actividades y toda mi vida toda?

Por último, consideremos que para estar dispuestos a obedecer al Señor hemos de ser personas profundamente reflexivas… Jesús le pide a Simón que se adentre en el lago… Nosotros también hemos de “adentrarnos” más, tanto en su doctrina como en nuestra vida… Para ser sus enviados (sus profetas y apóstoles) no podemos quedarnos en la superficie ni la orilla… hemos de dejarnos guiar por él y arriesgarnos más hondamente… ¿Estoy dispuesto a llegar a lo profundo de mi vida y de mi fe?

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar”.

PARA ESTA SEMANA TE PROPONEMOS ALGUNOS EJERCICIOS:

1.     Para comenzar, te proponemos que hagas una revisión de tu relación con la Palabra de Dios… ¿Amo la Palabra? ¿La leo? ¿La comprendo? ¿La comparto?

¿Qué puedo hacer para que la Palabra sea más valorada por mí?

¿Escucho la Palabra como si estuviera “anestesiado” o dejo que me impacte?

¿Estoy dispuesto a escuchar la Palabra y a que ella me transforme? ¿En qué concretamente?

Ante algunas situaciones en me vida, ¿siento “ganas” de escuchar y entender la Palabra de Dios?

¿Qué tanto anuncio la Palabra de Dios? ¿En dónde y a quiénes?

2.     Piensa en 10 personas con las que convives… reflexiona sobre qué parte de la Biblia les ayudaría en algunas situaciones que están viviendo cada una de ellas… ¿Te atreves a predicarles con esos textos para iluminar su vida concreta?

3.     Recuerda algunas ocasiones en que has estado con mayor apertura para escuchar y aplicar la Palabra en tu vida… ¿Qué estaba aconteciendo? ¿Cómo la aplicaste?

4.     Durante esta semana, en tu oración, pide a Dios la gracia de valorar su Palabra cada día más y de dejarte iluminar y cambiar por ella… También dile al Señor que estás disponible, desde tu debilidad, para anunciar y pescar en su nombre…

(Si esta ficha te ayuda, compártela).

JJSA – SAGM

Esta ficha, así como las de los domingos anteriores, la puedes encontrar en arquimedios.org.mx, pestaña de “cultura y formación” y “desarrollo espiritual”.

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