El tapatío y la ciudad

Editorial de Semanario #1149

Hace 55 años, en 1964, el tapatío un millón, marcó el nacimiento de una nueva era para Guadalajara, fue un símbolo del crecimiento y de que la modernidad llegaba a la ciudad.

Hoy, Guadalajara tiene una personalidad definida, la cual se fue construyendo dialécticamente a través del tiempo. La ciudad modificó su espacio y su espacio modificó a Guadalajara; la gente hace a la ciudad y la ciudad hace a su gente. Por eso, el espíritu de la ciudad se percibe en el rostro de su gente, porque la ciudad es la escuela permanente que engloba a la familia, a las familias, a los diversos grupos sociales.

Aun si la primera escuela es la familia, la ciudad es la gran escuela porque, cumple con la misión de enseñar a vivir y a hacerlo de una determinada manera a quienes en ella nacen o viven. Así se ha formado el espíritu del tapatío. Espíritu tapatío que construye, destruye, conserva e innova, y no sólo en lo urbano, sino también en las tradiciones, en su patrimonio intangible.

En este presente, el tapatío vive una realidad social que lo confronta, el estado de derecho en su ciudad ha sido colapsado por la impunidad y la corrupción. Aumentaron las familias que peregrinan en busca de desaparecidos, padres y madres no encuentran a sus hijos e hijas.

Se estremece ante las familias que lloran, y portan en el pecho las fotografías de sus seres queridos. Aumentó la desigualdad, el número de pobres y la informalidad como una manera de emplearse. En el área metropolitana no están claros los límites entre los delincuentes y los policías, quienes se suponen deben perseguirlos. La violencia se vive ya en la ciudad,  como una realidad cotidiana.

El impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación, a través de la ‘mensajemanía’ y la ‘chateomanía’ está haciendo a los tapatíos globalizados, ya que la cultura de esta tierra, reducida al tequila y al mariachi dice poco de lo que ha sido a lo largo de los siglos la cultura tapatía.

Para ser globalizadores, hace falta una actitud dinámica y atrevida, herramientas indispensables para lanzar la propia cultura como propuesta globalizadora, en vez de resignarse a ser simplemente globalizados.

Una ciudad devoradora de pueblos y municipios, pero también ciudad de ilusiones. Guadalajara, la ciudad con mucha herencia y con mayor futuro, construida gracias al ingenio, al amor, al entusiasmo de su gente, haya o no nacido en ella, porque en Guadalajara siempre ha habido tapatíos que no nacieron aquí pero que lo son profundamente.

A pesar de todo, sigue siendo Guadalajara una ciudad viva, que vibra los siete días de la semana, que se mueve continuamente, ciudad sostenida por toda la gente de aquí y de allá, con su trabajo diario, con sus expectativas, con su efervescencia, aprendiendo a sortear los tiempos fáciles y difíciles como lo ha hecho siempre.

Los tapatíos siguen siendo arropados por la virgen de Zapopan, imagen que se ha situado como el símbolo de estas tierras, y que por lo mismo sigue siendo el vínculo más permanente de la identidad tapatía. Con ella nació la ciudad y sobre ella ha escrito su historia.

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