Mensaje de Cuaresma al Presbiterio tapatío. Nutrir la identidad sacerdotal

Rebeca Ortega Camacho

Fotos Luis Daniel Tadeo Velázquez

El miércoles 27 de febrero, el Arzobispo de Guadalajara, Cardenal José Francisco Robles Ortega, se reunió con su Clero para compartir su Mensaje en este tiempo de preparación a la Pascua.

Alrededor de 700 sacerdotes se congregaron en el Santuario de los Mártires Mexicanos; además, en el presídium se contó con la presencia de los Obispos Auxiliares de Guadalajara, Monseñor Juan Manuel Muñoz Curiel, Monseñor Engelberto Polino Sánchez y Monseñor Héctor López Alvarado. Como es costumbre, la jornada de reflexión fue organizada por la Comisión de Formación Permanente del Presbiterio, cuyos miembros se encargaron de la oración y el orden del día.

Reunidos en la asamblea principal, los presbíteros rezaron la Hora Tercia del Salterio, con el fin de comenzar el día de actividades de la mejor manera posible, y así abrir sus mentes y corazones al Mensaje que su Pastor les daría minutos después.

Tiempo de purificación

El Cardenal Francisco Robles comenzó su intervención, compartiendo una breve reflexión del Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2019 cuyo título es: “La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Rm 8, 19)”. “El Papa nos recuerda que cada año, Dios a través de su Iglesia nos invita a prepararnos, alentando con gozo, el sabernos purificados por la Muerte y la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

“Nos recuerda, que la celebración del Triduo Pascual, meta de la Cuaresma como preparación, tiene como objetivo llamarnos a vivir como verdaderos hijos de Dios, a vivir como personas redimidas, liberadas ya del pecado; a dejarnos guiar y conducir por la inspiración y la Gracia del Espíritu Santo y poniendo en práctica la Palabra de Dios.

“Si nosotros hacemos realidad estas verdades, ser hijos de Dios, vivir como personas redimidas, obedientes al Espíritu Santo, obedientes a la Palabra de Dios, nuestra conversión y nuestro cambio personal, tiene consecuencias cósmicas, dice el Papa. Nosotros somos seres humanos, pero no estamos desconectados de la totalidad de la obra de la creación. Por eso, el bien que nosotros asumamos en nuestra conversión al celebrar la Pascua, tiene repercusiones también en el universo.

“De igual manera, el pecado en sus distintas formas tiene consecuencias, no sólo en nuestra vida, también en nuestra sociedad, en nuestra vida comunitaria y también tiene repercusiones en el cosmos; portarnos mal, no queda solamente en nuestra intimidad; el portarnos mal, tiene consecuencias ante los demás. Entonces, el Papa toma este contraste, la conversión tiene repercusiones en nuestra vida y tiene repercusiones en el cosmos, como el pecado igualmente así lo tiene. Esta es la propuesta de este tiempo; ante la realidad del pecado, el llamado a nuestra conversión, se nos ofrece la fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón, para volver a ser en Cristo, criaturas nuevas; de eso se trata, de ser en Cristo, criaturas nuevas”, señaló el Arzobispo Metropolitano y describió las tres prácticas que se proponen para este tiempo de Cuaresma (Ayuno, Oración y Limosna), de acuerdo con lo establecido por el Pontífice en su Mensaje.

“La Cuaresma del Hijo de Dios, dice el Papa, fue entrar en el desierto de la creación. Es una figura muy hermosa, porque se acuerdan que Cristo Nuestro Señor inició con los 40 días en el desierto; entró en el desierto de la creación, para hacer que ese desierto de la creación volviese a ser el jardín de la comunión con Dios. Esa es la invitación, ese es el objetivo que nos propone el Papa para esta Cuaresma, entrar en el desierto y convertirlo en un jardín de la comunión con Dios”.

Mantener nuestra identidad

“En este Mensaje, quisiera también hacer un llamado especialmente a ustedes, mis queridos hermanos presbíteros. Para que nosotros, como llamados, elegidos del Señor, como consagrados por el espíritu de Cristo para hacer su presencia en medio de su Iglesia; para permanecer en esa identidad de lo que somos, necesitamos nutrir permanentemente esa identidad. Si no nutrimos, si no alimentamos nuestra identidad sacerdotal, es muy fácil que pronto la vayamos perdiendo y que esa falta de identidad, se vaya manifestando con un detrimento de la atención a las comunidades que se nos han confiado.

“Si no nos presentamos y no estamos frente a las comunidades con nuestra identidad sacerdotal, es fácil que nos convirtamos en otro tipo de figura, que ni siquiera necesita la comunidad, pero que nosotros asumimos; asumimos esa figura por falta de la vivencia de nuestra identidad. Es posible que nos convirtamos en meros administradores de un pequeño negocio, que se ha puesto en nuestras manos; es posible que asumamos una postura de ser los que mandan y disponen, sin capacidad de escucha, de apertura a las necesidades de los demás; es posible que no tengamos ni el tiempo, ni la calma, ni la serenidad, para tocar la realidad que se nos ha confiado y ver desde los ojos de Cristo el Buen Pastor, lo que esa comunidad requiere.

“Entonces, es esencial mantener nuestra identidad; nutrirla con una relación permanente con Cristo, sacramentalmente, en la escucha de su Palabra, en el discernimiento, en la oración de los acontecimientos que acontecen en nuestra vida comunitaria, en nuestro entorno; hacer un discernimiento permanente en la oración, el vivir de la mano, unos con otros, el fortalecimiento de esta identidad, es decir, el ayudarnos unos a otros, a centrar nuestra vida sacerdotal en lo que es y para qué es nuestra vida sacerdotal.

“Esta necesidad que tenemos de nutrir nuestra identidad sacerdotal, debe de servirse también de muchos otros elementos que nos ofrece la misma Iglesia, en concreto nuestra Iglesia Diocesana; por ejemplo, los Ejercicios Espirituales. Tengo que decir con pena, que hay una caída alarmante de la falta de participación y vivencia de los Ejercicios Espirituales. Los Ejercicios Espirituales, tradicionalmente se han ofrecido como un medio bastante probado, experimentado, cuando se vive con verdad, un medio para nutrir nuestro ser cristiano, nuestro ser sacerdotal, nuestra identidad y depurar la intención de nuestra misión.

“Esto quiero compartírselos fraternalmente, como una realidad que se está dando, que se está viviendo y que debemos ayudarnos unos a otros a retomarla. Una búsqueda honesta y sincera de vivir la experiencia del encuentro con Dios, para renovarnos en nuestra identidad sacerdotal”.

Salud espiritual

“Necesitamos salud espiritual. Un enfermo no puede hacer muchas cosas, está limitado para hacer muchas cosas; si nosotros no tenemos salud espiritual, estamos verdaderamente en límite, estamos copados para cumplir nuestra misión, necesitamos salud espiritual.

“Todos hemos vivido este acontecimiento de la Iglesia Universal, al que convocó el Papa Francisco a los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo; creo que le pudimos dar seguimiento a este acontecimiento y creo que a todos nos impacta, si pudimos ver declaraciones, por ejemplo, de las víctimas o de los que intervinieron. Esta realidad nos apena, nos avergüenza y debe ocuparnos.

“Mal haríamos con decir: ‘sí, es una realidad, pero allá en otras latitudes, aquí eso gracias a Dios no se da’; pues sí se da y tenemos que ser honestos, tenemos que ser sinceros y tenemos que ser muy prudentes y precavidos, para evitar estas realidades que son parte precisamente de la expresión de una falta de salud, salud mental, saluda afectiva, salud espiritual.

“Pudimos ver la preocupación del Papa y de los que participaron en darle solución práctica, muy concreta, que implica también a los obispos, que nos implica a todos, todos somos corresponsables y tenemos mucho que hacer en prevenir, ayudarnos, ser precavidos, ser prudentes; en evitar actitudes confusas, que se pueden malinterpretar o que pueden ser un verdadero peligro, que alguien llegue a una situación de este tipo. Tenemos que ayudarnos, tenemos que alertarnos unos a otros. Agradezco el que podamos – actuar -, antes de que suceda algo, podemos alertar y poner el límite, para que esto no llegue a suceder.

“Ya nuestro presidente de la Conferencia Episcopal, nos dirá en el seno de la misma, cuáles son los acuerdos, a qué llegaron y qué nos toca a cada uno de los obispos; pero tenemos que estar muy atentos y no sólo en ese campo y no sólo en ese tema… Reforzar nuestra identidad sacerdotal, necesitamos salud espiritual; y para estar en salud espiritual, necesitamos aprovechar todos los medios que nos ofrece la Iglesia y que están a nuestro alcance, uno de esos medios son los Ejercicios Espirituales. Les hago ese llamado, esa invitación, para que lo pongan en el esquema de su Cuaresma personal.

“La Cuaresma es una ocasión para renovar lo que somos por Gracia de Dios, eso no se nos debe de olvidar, no lo debemos pasar de largo; somos elegidos del Señor para ser su presencia en medio de su pueblo; pero eso hay que retomarlo, esa identidad, viviendo en salud espiritual, salud física, salud emocional, en fin, salud integral. Les invitó a que tomen esos dos puntos, aprovechando los medios y ojalá que en los decanatos se haga una revisión, qué está pasando con los Ejercicios Espirituales; un intercambio honesto, sincero y hay que retomar esta Gracia”, concluyó el Arzobispo Metropolitano.

Salud física

Posteriormente, el equipo médico de la Mutual del Clero impartió un tema en referencia al desgaste profesional, que conlleva a contraer múltiples padecimientos. De acuerdo con el especialista, en el año 2018 se atendieron a 680 sacerdotes y en los cuales sobresalen algunos padecimientos, como el incremento de casos de diabetes, hipertensión y cáncer. El médico recomendó a los sacerdotes cuidar su alimentación, hacer ejercicio (una actividad física diaria), evitar el estrés y descansar adecuadamente.

La obra del Santuario

Finalmente, se compartieron algunos avisos diocesanos y se concluyó con la presentación de los avances de la obra del Santuario, por parte del Consejo Pro Construcción del Santuario de los Santos Mártires. Al respecto, el Cardenal Francisco Robles manifestó: “El año pasado no estaba ni siquiera la estructura, la herrería – del vitral muro altar – que está en cada uno de los recuadros, y mucho menos comenzaba la colocación de los vitrales. Quiero decirles que este avance, se debe al interés y al entusiasmo que muchos de ustedes tienen permanentemente con el Santuario, que motivan a la gente, que motivan a la comunidad para que siga apoyando la obra.

“Escuchar las explicaciones técnicas, lleva como fin también reforzar más nuestro compromiso de seguir apoyando esta obra eclesial; el Santuario es una obra de la Iglesia de Guadalajara, para mantener viva la memoria y el reconocimiento de los Santos Mártires, pero también para tener un espacio muy amplio y adecuado para los acontecimientos eclesiales”.

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