Protección a menores y tolerancia cero

Editorial de Semanario #1152

En la época actual, estamos siendo sensibles a los trastornos relacionados con los abusos sexuales de menores y adultos vulnerables. Es un indicador de un proceso de humanización de la sociedad.

Sobre la pederastia, titulares de periódicos, informaciones de radio o de televisión, conversaciones espontáneas y muchas veces cargadas de impulsividad, son más frecuentes que acciones informativas o formativas que permitan afrontarla en términos preventivos, terapéuticos, de rehabilitación y de procesos judiciales.

Las cifras de abusos sexuales de menores, difieren según el método que se utilice, pero se estima que la proporción de los menores agredidos sexualmente antes de los diecisiete años es del 20% en las mujeres y del 10% en los hombres.

Las heridas psicológicas infligidas por la agresión sexual son muy variables. Las agresiones violentas, duraderas y humillantes provocan las secuelas más graves. La mayoría de las veces, las niñas conocen al agresor, que en el 70% de los casos es un pariente cercano. En el caso de los niños, lo más frecuente es que sea un desconocido.

Los daños que sufren las víctimas se encuentran en el nivel psicológico, emocional, físico, conductual, incluyendo el impacto a nivel espiritual y religioso. Con frecuencia se trata de daños extensos e irreparables que pueden manifestarse a corto, medio y largo plazo.

En general, la pederastia sólo era noticia cuando tenía alguna relación con la Iglesia. Cada vez se visibilizan más escenarios y lugares donde la pederastia se había invisibilizado, en particular, en el seno familiar, donde ocurre el mayor caso de abusos a menores, también están las instituciones educativas, donde los padres de familia exigen castigo a los docentes y personal encargado de los menores.

Son visibles también las instituciones deportivas, donde la violencia sexual continúa siendo un tema tabú, alimentado por el hecho de que el entorno deportivo protege a los culpables y no se da credibilidad a la palabra de las víctimas.

Hoy, la Iglesia Católica ha iniciado un proceso de gran calado institucional, no para controlarla o administrarla, sino para erradicar el mal que se ensaña con los más débiles, en otras palabras, tolerancia cero.

El Papa Francisco, en su discurso del 24 de febrero, exclama: “Humildemente y con valor debemos reconocer que estamos delante del misterio del mal, que se ensaña contra los más débiles porque son imagen de Jesús”.

En la protección a menores, el objetivo de la Iglesia es escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren. “La Iglesia está llamada a combatir este mal que toca el núcleo de su misión: anunciar el Evangelio a los pequeños y protegerlos de los lobos voraces”.

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