Combatir la corrupción con coherencia

 José María Torres Vega

Es sabido que el Presidente López Obrador se propone acabar con el cáncer de la corrupción. No cabe duda que es un propósito excelente; el problema es: ¿Cómo?. Cada quien mata las pulgas a su manera. Criticar es muy fácil… yo propongo una humilde y seria invitación a la reflexión.

Entiendo que ha sido aprobada en el Congreso la propuesta de la Gendarmería Central, conllevando la modificación del artículo 109 constitucional, calificando como graves y -por lo tanto- sin derecho a fianza, cualesquiera delitos de corrupción.

Recuerdo perfectamente que, en los debates de los candidatos a la Presidencia de la República, el “Bronco” sugería que se amputara la mano derecha a los culpables de corrupción.

Pero eso es regresar a la barbarie, y retrasar los avances del Derecho en varios milenios. Considero que la propuesta López, que fue desaprobada por la ONU, viola derechos humanos, como lo son la presunción de inocencia, y el derecho a la no incriminación, entre otros.

Entonces ¿Cómo debe combatirse la corrupción de manera eficaz y duradera? Creo que eso solamente puede lograrse con coherencia de vida: unidad congruente entre el ser, el pensar, el decir y el hacer.

Basta ya de profesores que no enseñan; de alumnos que no estudian; de servidores públicos que no sirven; de padres de familia que no quieren serlo; de empresarios que en realidad son mercaderes y de políticos que mercantilizan el noble quehacer de la política.

En otras palabras: No basta el temor al castigo, y tampoco el infundir terror a los presuntos corruptos y corruptores; es indispensable el elocuente lenguaje del ejemplo. Como dice un autor: “…La fuerza de tus hechos resuena de tal manera en mis oídos, que no me permite escuchar lo que dices…”.

Es necesario también tomar en cuenta que existe un “algo” interior en cada persona. Sí, un algo que yo llamaría “intimidad inalienable” en cada persona, al que no se llega ni con la más atroz de las violencias.

Pondré dos ejemplos: Víktor Frankl eminente psiquiatra y autor, entre otros libros, de “El hombre en busca de sentido”, quien fue prisionero en el campo de concentración de Auswitch y sufrió todas las indescriptibles atrocidades de ese lugar tristemente célebre, pero en medio de ellas tomó una decisión en su <yo interno>: Ser feliz a pesar de todos los horrores que vivía; así sobrevivió, motivado por una determinación interior.

Cuenta Cervantes, en su célebre “Don Quijote”, que siendo Sancho Panza gobernador de la ínsula Barataria, le presentaron a un hombre que estando borracho, había golpeado a su esposa, para que le impusiera el castigo correspondiente. Fue así como le sentenció: “… en castigo por tus malas acciones, está noche dormirás en la cárcel…”, a lo cual el inculpado contestó con mucha gracia: “…con el debido respeto a su excelencia, usted me podrá obligar a pasar la noche en la cárcel; pero eso de dormir… lo decido yo”.

Invito respetuosamente a nuestras autoridades, de los tres niveles de gobierno, a que mediten seriamente y también a que acepten sugerencias y recomendaciones de este noble pueblo, al que sin duda se proponen servir, para lograr un combate INTEGRAL, que sea realista y eficaz, para acabar con la corrupción.

No coincido con quienes afirman que los mexicanos somos intrínsecamente corruptos. Nuestro pueblo es laborioso, diligente, y amante de la verdad, y de la cultura en sus diversas manifestaciones. También es -por fortuna- amante de la democracia y de la libertad. Finalizo con una frase feliz del ilustre filósofo mexicano Antonio Caso: “El bien común no es la pugna entre la colectividad y los individuos; es por fortuna algo mucho más profundo y superior: La coordinación de todas las personas en el Derecho”.

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