Crisis-Oportunidad

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

La semana pasada, del 21 al 24 de febrero, se llevó a cabo un encuentro convocado por el Papa, que reunió a los presidentes de las Conferencias Episcopales, así como a los superiores y superioras de las diversas comunidades religiosas, con el título: “Protección a menores en la Iglesia”. Se trata de un hecho inédito, aunque tardío, que revela, por una parte, la seriedad del problema del abuso a menores y, por otra, la respuesta valiente y evangélica de la Iglesia, como comunidad que hace presente a Cristo en el mundo.

La crisis de los abusos a menores en la Iglesia es, seguramente, uno de los hechos más tristes y dolorosos de su milenaria historia, no por la pérdida de credibilidad frente a una sociedad cada vez más crítica, sino porque daña a los más pequeños, inocentes e indefensos, a quienes Jesús ama con predilección, y porque desvirtúa la misión de quienes deben ser ministros del Evangelio. El Papa ha dicho que se trata de un fenómeno, visto desde la fe, que tiene su origen en el misterio del mal, de un hecho propiamente instigado por el príncipe de este mundo.

No vale la justificación de que la prensa impía ha orquestado una persecución contra la Iglesia o que el número de delincuentes pedófilos entre el clero es más reducido que en cualquier otra institución, pues el mismo Papa Benedicto XVI decía que se trata de un delito, aunque fuese un solo caso, que desdice en su más pura esencia el ministerio sacerdotal, que debe estar en vistas siempre a lo más sublime, que es la presencia del Salvador en el mundo.

Sin duda, la gravedad del problema también revela que estamos en un tiempo de gracia, de conversión personal y eclesial. La etimología de crisis viene de la palabra griega “krinein” que significa oportunidad, decisión frente a una encrucijada. Debemos asumir con responsabilidad histórica las propias faltas y omisiones que han llevado a algunos de los miembros del clero a cometer este delito y a atajar el problema desde su raíz, sin caer en la actitud de “cacería de brujas”. El Papa Francisco ha dicho que nunca será una solución la simulación, el ocultamiento, actitudes encubridoras para salvaguardar la institución.

El Papa ha sugerido como solución los siguientes aspectos: Atención y acompañamiento a las víctimas pidiendo perdón y ofreciendo vías de restauración del daño cometido. Transparencia y responsabilidad en cada caso. Prevención, sobre todo en una muy cualificada formación integral de los seminaristas de forma positiva y propositiva, y una selección más cuidada de los candidatos a las órdenes, lo que supone también un esfuerzo de formación permanente del clero, encaminada a la santidad de vida y a asumir con alegría el don del celibato. Por último, el Papa advierte que el problema del abuso debe llevar también una responsabilidad social de una sociedad erotizada y violenta que es caldo de cultivo para estos y otros abusos.

Es oportunidad… una llamada a la conversión.

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