Maravillas de la pausa ignaciana

Querida Lupita:

Vivimos en Estados Unidos y estuvimos de visita en Guadalajara con nuestra familia que vive ahí. Me conmovió conocer a mis sobrinos pues acostumbraban hacer “la pausa ignaciana”  y tenían una actitud de servicio y sencillez que me resultaba ejemplar. Son bellísimos los valores familiares que ustedes viven en México. En cambio, en USA, hay mucho individualismo y una obsesión por hacer dólares que nos deshumaniza. ¿Cómo podríamos llevar estos valores a la cultura americana?

Agnes G.

Hermana mía, Agnes:

Por fortuna, en nuestro país aún hay familias que viven su fe. Y la clave que les permite ser coherentes es que hacen oración.

Familias: ¡Volvamos a orar juntos!, el Santo Rosario, la coronilla de la Misericordia, el Angelus o Regina Coelli; hay tantas devociones que nos alimentan el alma.

Pero la oración espontánea, es también irrenunciable, y ella nos lleva a un diálogo con Dios, en el que conocemos Su voluntad y le rogamos que la nuestra se una a la de Él sin cortapisas.

En un pequeño libro llamado: “La oración que lo cambia todo”, el autor nos remite a la famosa pausa ignaciana.  Es una forma de oración poderosa que propuso San Ignacio de Loyola y que consiste en 5 pasos:

PONTE EN PRESENCIA DE DIOS, deja un momento para tranquilizar el corazón

RECUERDA LO VIVIDO, trae a la memoria lo vivido a lo largo del día: las personas, las experiencias, los sentimientos…

AGRADECE  por aquellas personas con quienes te has encontrado, por lo que has sentido, por lo que has podido hacer a favor de otros y por lo que has aprendido. Agradece a Dios por hacerse presente en tu vida.

PIDE PERDÓN por aquellos momentos en que te has dejado conducir por el egoísmo y la pereza; por tus actitudes incoherentes.

COMPROMÉTETE PARA EL DÍA DE MAÑANA,  pide a Dios que te ayude a reconocer lo que necesitas para más amar y servir mejor.

Son 10 minutos poderosos que pueden cambiar tu actitud frente a la vida. Haz la propuesta a tu familia y establezcan una hora en que todos harán esta pausa.

Si lo hacemos, pronto sentirás que tu hogar ha cambiado para bien, y notarás que crece la servicialidad, la sencillez y la alegría,  que son notas características de quienes hacen oración.

Lupita Venegas/Psicóloga

Facebook: lupitavenegasoficial

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