Foto: Seminario de Guadalajara

El Seminario agradece su apoyo

Carlos Humberto Ruiz Flores (1° Teología)

El pasado 03 de marzo, como Iglesia Diocesana de Guadalajara, celebramos con gran jubilo el Día de nuestro Seminario de Guadalajara, donde no solo se llevó a cabo la colecta anual, sino que los seminaristas tuvimos la oportunidad de detenernos un momento en nuestra habitual rutina de formación para compartir con nuestra Iglesia y con nuestra comunidad formativa la alegría de ser llamados por Cristo para estar con Él. Ahora, queremos agradecer de maner particular a las personas que hicieron posible tanto la realización de este evento eclesial como la realización de la campaña que lo preparó. Sabemos que en todo agradecimiento corremos el riesgo de dejar fuera a alguien, pero sepan que todos están en nuestras oraciones:

Gracias a nuestros hermanos que están en los hospitales y asilos, pues en esta jornada de oración por las vocaciones tuvimos la oportunidad de conocer a algunos hombres y mujeres de diversas edades que, conscientes de su estado de vida y salud, generosamente se han comprometido a ofrecer sus sufrimientos y dolores por nosotros sus seminaristas, para que seamos sanos, sabios y santos sacerdotes de la Iglesia.

Gracias a los profesores y directores de las instituciones educativas de diversos niveles,  que tuvieron a bien abrirnos las puertas de sus planteles, pues nos brindaron la oportunidad de interactuar un momento con quienes hoy se forman intelectualmente para brindarse desinteresadamente a la sociedad desde una profesión.

Gracias a los niños, adolescentes y jóvenes que conocimos en esta campaña del Seminario dentro de sus escuelas, pues tuvimos la oportunidad de un encuentro fraterno con quienes quieren, junto con nosotros, forjar un mundo mejor. Y no sólo eso, sino que, sin conocerlos a todos personalmente, sabemos que de entre ustedes, estudiantes, saldrán los próximos sacerdotes, religiosos y religiosas de esta su Iglesia.

Gracias a los medios de comunicación que nos han dado la oportunidad de dar a conocer nuestra Institución, no con mezquinos o convenencieros propósitos, sino para que más personas conozcan cual es la labor del “Corazón de la Diócesis”, pues el Seminario no sólo forma sacerdotes, sino también buenos cristianos y buenos ciudadanos. 

Gracias a los párrocos que nos recibieron en su comunidad parroquial, pues ellos, como heraldos de la buena noticia del Reino, anunciaron junto con nosotros la alegría de ser Iglesia, dándonos un mensaje de aliento y demostrándonos su ayuda en este caminar en común, pues nosotros vamos detrás de ellos tras las huellas de Cristo.

Gracias a las comunidades parroquiales que abrieron su corazón y sus oídos para escucharnos y unirse a nuestra intención: pedir al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos y que a nosotros, sus enviados, nos modele según su Corazón. Y también gracias por su generosidad, pues desprendiéndose de su dinero han optado por ayudar a formar a un seminarista. Y esta es “la obra más grande”, según decía san Vicente de Paúl.

Gracias a nuestros bienhechores espirituales y materiales que se desprenden de sus bienes materiales y ofrecen oraciones al Padre por cada uno de los más de 1300 seminaristas que queremos responder generosamente a Cristo con nuestra vida. Sin ustedes nuestra formación sería más difícil.  ¡Alégrense…! Dios les recompensará el ciento por uno. Finalmente la mayor de las gratitudes va, por supuesto, a Dios nuestro Señor, porque de un modo admirable ha trazado su obra, y por pura dignación de su amor quiso llamarnos a nosotros, débiles y miserables, para estar con Él. Démosle nuestro corazón, cuanto tenemos y cuanto somos, y valientes como el salmista digamos: “Aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad”.

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