¡Llueve dinero!

Pbro. Armando González Escoto

No he tenido oportunidad de averiguar a cuánto asciende, hasta este momento, la suma de dinero que el gobierno federal ha dado -o por lo menos prometido- a un sinfín de personas y causas. Sin duda, varios miles de millones de pesos.

Este hecho nos confirma que somos un país con muy abundantes recursos. Estos vienen de dos principales fuentes: el pago de impuestos que hacemos todos por todo tipo de cosas, y la venta al extranjero de riquezas naturales tales como el petróleo o los minerales.

Buena parte de esta riqueza, en los sexenios anteriores, se dilapidaba en nóminas abultadas y onerosas, prestaciones de lujo para la alta burocracia, presupuestos deshonestos para los Tres Poderes del gobierno y para los partidos políticos; partidas siempre exageradas para un sinfín de proyectos e institutos, muchos de los cuales ni siquiera existían; otra buena cantidad simplemente desaparecía de las arcas públicas sin que nadie lo supiera ni a nadie le importara.

De pronto, al parecer, muchos de estos dispendios se han suprimido, permitiendo al gobierno hacer uso de lo ahorrado para encausarlo a otras personas y fines. Sin duda que la intención es buena, ya era hora de que a la gente pobre le tocara algo, pero… ¿Es así que se puede superar la pobreza?

Por muchos sexenios, el gobierno federal se dio a la tarea de regalar a las comunidades indígenas cuanto quiso, dando como resultado el que éstas se volvieran atenidas; sus miembros preguntarán siempre a cuanto funcionario se les presente ¿Qué me vas a dar? Y ahí están, sentados a la espera de la dádiva pero sin el mayor interés por trabajar y superarse a sí mismos. ¿Será que ahora esta práctica del gobierno se hará extensiva a toda la población necesitada, con iguales o peores efectos?

Sin duda que hay en nuestro país infinidad de personas que requieren, aquí y ahora, hasta de lo más indispensable; a estas personas no se les puede decir que se hará una inversión para que, en pocos años, ya no carezcan de nada, pero ese no es el caso de todos los actuales beneficiarios.

Estamos esperando ciertamente que, por lo menos una parte de esta abundante riqueza que el gobierno maneja, se destine a generar oportunidades de trabajo y de capacitación, no necesariamente universitaria, para esa fuerza laboral y creativa mexicana, pues es así que realmente se ponen bases firmes para modificar la realidad social del país.

Igualmente sería deseable que parte de nuestros recursos nacionales se destinen a mejorar las condiciones urbanas y ambientales de las colonias marginadas, de tal modo que no solamente en las colonias de los ricos existan banquetas, pavimento hidráulico, agua de día y de noche, alumbrado público eficiente, transporte digno, escuelas de primer nivel, centros deportivos equipados, abundancia de bien cuidadas áreas verdes y seguridad las 24 horas. Cierto que las personas pobres no pueden pagar todo eso, pero el gobierno sí.

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