Medio siglo en la faena

José de Jesús Parada Tovar

No suele ser demasiado frecuente (¡y qué bueno!) que un Periodista dedique un Artículo para hablar de sí mismo, ni mucho menos que, por fatuos motivos, busque un espacio para llamar la atención y pretenda reconocimiento o loas. Sin embargo, puede autoconcederse una licencia cuando se trata de hacer un inventario; de remover la memoria; de traer a cuenta y a cuento a tantas personas, factores y circunstancias que fueron parte de la andadura, de la ruta, el paisaje y el trayecto de un camino nada fácil, muchas veces empinado y retador, pero siempre atractivo, imantador y sumamente gratificante por lo que mira al servicio a lo demás.

El hambre de la gratitud

Es mi caso. Y agradezco a Semanario la oportunidad de hacer público mi agradecimiento a Dios Nuestro Señor por su infaltable e iluminadora asistencia durante estos primeros 50 años de brega periodística, inacabable de ilusiones, de experiencias renovadas, de aprendizaje cotidiano, de asimilación de realidades, al lado de porfiadas esperanzas por contribuir a un mundo mejor.

También reitero mi voto de perenne gratitud a quienes me han marcado el paso desde mi hogar paterno con mis Papás y mis 14 hermanos al frente; desde la docta cátedra con mis Maestros y las compartidas vivencias con mis condiscípulos; desde el aleccionador ejercicio profesional, con las certeras enseñanzas de mis Jefes y la criba del trabajo diario con los colegas de oficio; desde el apoyo incondicional de los demás parientes y tantos amigos, atentos, vigilantes y solidarios en el proceso de mi vocación periodística; desde la aguda observación, la crítica objetiva y el motivante aliento de innumerables lectores, radioescuchas y televidentes que me han favorecido con su seguimiento; desde el incomparable respaldo que me ha brindado, en todo género de circunstancias, la familia que he conformado desde hace 36 y medio años con mi esposa y mis dos hijos.

Resulta lógico que, tras 600 meses inmerso en la Comunicación Social, brote el apetito de la gratitud, por más que la sana intención de exaltar la enorme influencia de tantos actores externos, no alcance a abarcar ni lo mínimo deseado.

Aquellos nerviosos pininos

Por ahora, en agradecido recuerdo, me permito rememorar tan sólo el contexto de mis primeros pasos en esta tarea: A principios de 1969, me desempeñaba como obrero en el Organismo de Nutrición Infantil, ONI, y por las noches cursaba el Tercer Grado de Periodismo Polivalente en el inicial Instituto Pío XII y ya para entonces Instituto de Comunicaciones y Humanidades (hoy Universidad del Valle de Atemajac, UNIVA), en una Carrera de cuatro anualidades, teniendo como Rector al inolvidable Padre Santiago Méndez Bravo.

Un compañero de estudios, al declinar la invitación que le hicieron en Las 5 Ondas de la Alegría, de Radio Comerciales, S.A., me persuadió de hacer una prueba como Redactor de Noticieros de INFORJAL (hoy Notisistema), la primera Agencia Informativa Radiofónica del Occidente de México, fundada por Don Alejandro Díaz Guerra y dirigida entonces por su hijo Don Javier Díaz Romo.

Pasé el examen, y a partir del martes 24 de febrero me incorporé como Redactor del turno matutino, teniendo de compañero a “Carlitos” Luna de León, un ex alumno del Seminario de Zacatecas y muy perspicaz y autodidacta Periodista. Se trataba de una Agencia realmente en ciernes, diríase artesanal o rudimentaria. Sin embargo, ya para 1970, y bajo la batuta de Don Alejandro Díaz Romo, flamante egresado de Ciencias de la Comunicación del ITESO, fue configurándose formalmente la Agencia, cuya Dirección se confió al Lic. Javier Armando Suárez Huízar, destacado Historiador y Humanista.

De comienzo, se echó mano de bisoños egresados del ex Instituto Pío XII en labor de Reporteros como empleados externos. Recuerdo a Marichuy Hernández Medina y Artemio Tzintzún Reséndiz, a los que se sumaban reportes telefónicos ocasionales de diaristas de Periódicos locales. Luego, al integrarse un equipo propio, engrosaron la Agencia: Felícitas Regalado Ángel y Rubén Bautista Inocencio, provenientes también de dicho Instituto.

Por entonces, no se daba voz, al aire, a Reporteros ni Redactores; pero enriquecían la plantilla experimentados Locutores como Luis Ramón Alfaro Escobedo, Jefe de Información, y Alberto Gómez Barbosa, en la Sección de Deportes. A ellos se añadían, en la lectura de Noticieros (que contenían bloques de Información Local, Nacional, Internacional, Deportiva y Editorial en los tres Resúmenes intermedios, y que nunca incluían nota roja; además de los Noticieros de cada hora, abreviados), los reconocidos profesionales del micrófono: David González Vidaurri, José Manuel Naranjo Gascón, Gabriel Pineda Alcántar, Guillermo Lares Lazarit, Rafael Ochoa Pacheco, José Luis Ortiz Ramos, Roberto Pérez García y, ocasionalmente, Rocío Villa García y María Eugenia Castañeda Valencia (“Gabriela Araujo”, su nombre artístico).

La siguiente etapa

Hacia 1974, y no sin un considerable lapso intermedio en que quedé solo como Redactor-Editor para únicamente Resúmenes completos y flashes informativos, se reanimó con fuerza la Agencia, gracias a la visión de Don Alejandro Díaz Romo y al empuje de su hermana Cecilia Díaz, quien recién había hecho un posgrado de especialización en la BBC de Londres, después de haber cursado Ciencias de la Comunicación también en el ITESO.

Para ampliar su ambicioso proyecto convocó a Rosa María Ibarra Astorga y a un elenco de itesianos de su conocimiento y confianza, como Francisco Madrigal Rodríguez, Cecilia Vallejo, María de la Luz Fernández, Fernando Arias Pérez, María del Carmen Jiménez y Rocío Noguera Flores. Como Jefe de Información se desenvolvía, con tino y agudeza, el avezado Periodista Manuel Galindo Gaytán. En particular recuerdo un seguimiento informativo, capitaneado sagazmente por Cecilia y Galindo, que revolucionó la investigación y tratamiento noticiosos, causó enorme impacto social y paró de pestañas e indignó al Gobierno del Estado: la compra fraudulenta, en Chicago, de los primeros trolebuses para Guadalajara, adquiridos como nuevos pero con 20 años de uso.

En mayo de 1975 me despedí de INFORJAL, mi imborrable inicio profesional, del que conservo gratas reminiscencias y rendido agradecimiento.                          

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