El trapo verde

Pbro. José Marcos Castellón Pérez

El color verde es signo de la esperanza y de la vida, pero en los últimos meses es más bien signo de desesperanza, desilusión y muerte. Las feministas más radicales, aquellas que abogan por la mujer destruyendo la feminidad, han tomado como bandera y símbolo la pañoleta verde para exigir que se reconozcan sus derechos… sí, “sus” derechos, porque los que exigen no están enraizados en la dignidad de la persona humana, sino en la más vil deshumanización.

Piden desnudas que respeten la igualdad de género, pensando que enseñar los pechos las hace iguales a los hombres; reclaman tolerancia grafiteando monumentos históricos, pensando que con eso reivindican los muchos agravios de una sociedad machista;  destruyen lo que encuentran al paso de sus manifestaciones, preñadas de odio por el masculino enemigo común. Parecen marxistas trasnochadas que buscan en el varón al enemigo de la dialéctica histórica, de la lucha de clases, ahora en su versión de lucha de géneros. Ahí van, gritando consignas contra la Virgen María y la Iglesia, que consideran sus enemigas a vencer, pues para la fe cristiana María es prototipo de mujer y la Iglesia es la esposa de Cristo. Algunas, en España, corean, parodiando los tonos gregorianos, los insultos más vergonzosos al aparato reproductor femenino; otras, se visten grotescamente con atuendos y signos marianos, llevándose las palmas de un gobierno que permite la libertad de expresión, pero solamente de allá para acá.

Las feministas radicales, envueltas en el trapo verde, abogan por el aborto, ese crimen infame que asesina al más indefenso, frágil, inocente. Condenan a quien no piensa como ellas y, en las aras de la tolerancia hacia ellas, sacrifican intolerantemente al “intolerante” con saña viperina y con irracional descalificación. Se proclaman ser dueñas de su cuerpo para abortar, pero no para dominar sus pasiones desordenadas, para mantener la sobriedad y la serenidad; sus gritos y desmanes son revelación de que no son capaces de ser dueñas ni de su cuerpo ni de sus acciones.

Una senadora feminista, de estas que han dejado de ser femeninas, ha declarado que las hembras, puesto que para ella es lo mismo ser hembra de la especie humana que puerca o vaca o gata o perra, necesitan liberación, pues es por ser hembra que se está subyugada a un mundo en donde la desgracia más grande es no ser macho; al menos así se puede interpretar su mensaje. Es esta misma senadora la que afirmó que la mayoría de los católicos no somos inteligentes, y es ella, también la que gramaticalmente utiliza el plural “es” como “todes” para no excluir a nadie, porque hasta el lenguaje para ella es machista y por eso lo deforma llegando al absurdo.

El socialismo histórico, el de la lucha de clases, ha fracasado… ahora vuelve con la misma ferocidad revolucionaria a establecer la lucha de géneros. Al socialismo le gusta dividir y enfrentar, imaginar enemigos dialécticos y hacerlos ver como el más grande opresor para vencerle. ¡¡¡Dios nos libre!!!

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One comment

  1. Jose Manuel Garcia

    Es verdad que en nuestro país existe el machismo en grande y que necesitamos ver a la mujer como complemento para el hombre hecho por Dios, y eliminar de raíz nuestro machismo. pero lo mas grave es que la mujer lo tome como excusa para saciar sus propios instintos, la verdad es que pelean sus derechos para poder abortar a sus hijos sin ninguna penalización en la tierra sin pensar que están faltando al 5to mandamiento de Dios.

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