Oración y escucha de camino hacia la Pascua

Hermanas, hermanos en el Señor:

Si queremos mantenernos en el espíritu de la Cuaresma, camino que nos lleva a celebrar la pascua de Jesús, no debemos apartar la mirada del Señor. Él es el camino que nos lleva a su pascua. Tenemos que contemplarlo e imitarlo, si queremos vivir este tiempo especial de gracia, que es la Cuaresma.

En el episodio de la transfiguración del Señor, Él sube al monte con tres de sus Apóstoles, a hacer oración, y mientras oraba, su rostro se transformó; toda su persona se convirtió luminosa, gloriosa, brillante, como si el fruto de la oración haya provocado ese efecto en Él. La oración transformó a Jesús.

De aquí se desprende la necesidad de hacer oración, de una manera práctica y ordinaria en nuestra vida cristiana. Todos rezamos, por así decir,, de alguna manera, pero para muchos, la oración se convierte en el último recurso para resolver problemas, como cuando aparece una enfermedad, o tenemos una pena, o pasamos por un conflicto o una necesidad. Si no podemos solucionar cualquiera de estas cosas de otro modo, entonces nos ‘jugamos la última carta’ con la oración, para ver si Dios nos resuelve automáticamente aquella situación límite que nosotros no pudimos. A veces, ésta es la práctica de la oración de muchos cristianos, que la oración sea el último recurso que se pone en juego en nuestra vida.

Si somos verdaderos discípulos de Jesús, debemos hacer de la oración algo ordinario de nuestra vida, porque nos ayuda a superar la autosuficiencia que nos ofrece el mundo.

El mundo nos dice que no necesitamos de Dios, que no necesitamos de las cosas sobrenaturales. Nos señala que la ciencia, la tecnología y el dinero nos pueden solucionar todos los problemas que se nos presenten.

Cuando hacemos oración, nos damos cuenta que esa autosuficiencia que nos ofrece el mundo, no es real. Necesitamos de Dios. Cuando oramos, Él va modelando nuestro corazón para que nuestros sentimientos sean sus sentimientos, o para que los sentimientos del Padre sean los nuestros, de hijos, y que los criterios del Señor sean nuestros criterios.

La oración es para modelar nuestras emociones según el corazón de Dios. Cuando hacemos oración nos dejamos inspirar por las motivaciones del Espíritu Santo, y Él hace que nos vayamos asemejando más a Jesucristo. Ésta es la fuerza de la oración, que nos transforma, nos transfigura, nos convierte en personas verdaderamente dignas del amor de Dios y de nuestros hermanos.

En este camino hacia la Pascua, apliquémonos a hacer más oración, y vamos a experimentar el cambio de rostro, de sombrío en luminoso, de triste en alegre, de osco en amable.

Otra propuesta para este tiempo es que le bajemos a la escucha de tantas voces humanas que nos llegan a diario, para disponernos a atender la voz del Hijo amado del Padre, es decir, a leer, meditar y orar con la Palabra de Dios. No hay auténtica vida cristiana sin la escucha de la Palabra, si no le damos cabida y el lugar que merece en nuestra vida.

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