Una primavera de paz

Román Ramírez Carrillo

En los campanarios de las iglesias y templos de Jalisco, cada vez más, la triste y pausada melodía del toque de duelo acompaña a los que han muerto por la violencia.  Las campanas nos dicen que otros muchos más se han ido y claman al cielo que se abra para recibirlos.

Ha surgido la alarma en Guadalajara, por un gran repunte en el número de asesinatos dolosos, donde la mayoría son jóvenes.

 Si bien los medios de comunicación han sido discretos y cuidadosos para no incomodar al poder, los 540 muertos en lo que va del  trimestre enero-marzo, exigen una reflexión madura y seria para el conjunto de la sociedad.

Cada asesinato y cada cuerpo encontrado en esta gran fosa a cielo abierto que es Jalisco,  es un drama en sí mismo. Primero, por la pérdida de una vida, y más si es de jóvenes y niños. Se entremezclan la tristeza, el sentimiento de indefensión, la rabia, la angustia, la patología social que estamos viviendo y la desesperación. En las familias, los amigos y el entorno cercano se impregnan del sabor de la impunidad, que cada vez más muestra su rostro.

Por muchos análisis sociales que hagamos, nos falta apoyar una visión profunda de la vida y de la paz que queremos. Necesitamos un planteamiento que se apoye en la construcción de una nueva sociedad, el planteamiento de una vida con sentido que nos abra a los demás y no nos encierre en nosotros mismos.

Cada asesinato y cada desaparecido es una derrota humana que no podemos obviar y no podemos seguir indiferentes.

Esta realidad en la que se encuentra nuestro país, de la corrupción y la violencia en la que hace años vivimos, nos llama como Iglesia a redoblar esfuerzos y actuar unidos, integrando y engarzando todas nuestras fuerzas y recursos. Necesitamos una primavera de paz.

Necesitamos una Acción Pastoral Permanente de la iglesia de Guadalajara a favor de la Paz. Las acciones de la iglesia no se pueden quedar solamente en comunicados, estos son sólo el principio del proceso y no el fin en sí mismo, pues se hace imprescindible incidir socialmente.

El diálogo y colaboración con las autoridades en los diferentes niveles de gobierno, con la sociedad civil, con los organismos estatales y municipales, son urgentes para construir un pensamiento de paz.

Que la carta pastoral  “Que en Cristo nuestra paz, México tenga vida digna” sea la base de nuestro actuar.

Buscar y aprender de  todos los esfuerzos y actividades que se están efectuando por la paz, tanto en la Iglesia como en la sociedad de todo nuestro país.

Fortalecer desde las comunidades parroquiales el acompañamiento a las víctimas, crear Centros de Escucha en las Diócesis de la provincia eclesiástica de Guadalajara y continuar con el acompañamiento a las familias en busca de desaparecidos.

Activar Talleres de Perdón y reconciliación, así como la dimensión antropológica, ética y jurídica de los derechos humanos.

Es urgente impulsar y reconstruir el sentido comunitario de nuestras comunidades para que todas las personas se involucren y participen en las causas sociales de nuestro estado.

Necesitamos una pastoral de comunión que involucre en la Construcción de la Paz,  a todas las comisiones y dimensiones de la iglesia de la Arquidiócesis de Guadalajara. Estamos llamados a construir entre todos, una primavera de paz.

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One comment

  1. Juan José Ledesma Olmedo

    La solución a estos problemas sociales y a los personales está en CRISTO y si lo seguimos e imitamos. No solamente en decir que somos cristianos, más bien VIVIR como cristianos. Ya que toda los conocimientos y sabiduría de los humanos es nada comparada con la SABIDURÍA de Dios y la encontramos en su Palabra que nos llama a hacerla VIDA.

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